miércoles, 5 de diciembre de 2012


“No esperes que la luz del destino ilumine tu vida, ilumínala tú”

 (Alejandro Jodorowsky)

No es Karma, solo Causa y Efecto | Jorge Macías-Sámano



—Mi traducción prosaica de esta sencilla pero profunda reflexión—

Alguna vez no han tenido como la visión o no se como llamarlo, de ubicarse dentro de todo lo que les rodea y verse como solo un componente de todo ello y sentir que la realidad es como muy personal, es como diferente para cada uno de nosotros. La vida, toda, es como una suma de realidades. Digamos, cada uno somos como una hoja en el caleidoscopio y en la dimensión múltiple de follajes de un bosque. Aun así, existen patrones de follajes, y por ende existen también patrones de realidades.

En ciencia, para entender algo, se separan sus componentes y se van analizando cada uno de ellos por separado. Posteriormente estos se integran y así se tiene una idea de cómo están interrelacionados y lo que resulta de esa integración. En general la ciencia trabaja buscando patrones para entender patrones mas grandes. Pero definitivamente solo son patrones, con variantes, y a veces con variantes muy grandes.

En la vida, veo que existen dos patrones generales que considero son unos - de los “esenciales”- para desarrollarla. Digamos, son los patrones de como vemos nuestras vidas, como las vivimos. Algunos dejan que la vida los lleve y esperan ver que les depara el destino. En cambio otros, buscan, cambian, se aventuran para llevar y realizar la vida que ellos quieren, no lo que la vida les ofrece.

A continuación relato una historia totalmente ficticia que trata de ilustrar el punto de los dos patrones y los alcances de ambos. Sin temor a equivocarme, tanto los lectores como yo, podemos identificar y quizás hasta ubicarnos en uno de ellos. Aclaro, no es un patrón mejor o peor que el otro, simplemente existen. Dentro de estos dos patrones generales, la mayoría de nosotros nos encontramos y a veces, como un péndulo, vamos del uno al otro. Nada en la vida es perfecto, pero la resultante de cualquiera de los patrones, debiera ser positiva, al menos debemos de tratar honestamente de lograr que así lo sea…

Algo sobre Silvio

Como todos los días, Silvio se levantaba y lo primero que hacia era rezar y pedir de miles maneras al destino de que se le realizara lo que tanto anhelaba: un buen trabajo, una buena mujer, tener un carro, una casa y la posibilidad de que el equipo en que él jugaba ganara el campeonato.

Era una persona de esas que le “echan muchas ganas”, madrugaba y siempre trabajaba. El hacia todo lo que le decían, no tomaba iniciativa. Seguía las indicaciones tal y como se las decían, siempre “iba a lo seguro”, no quería cometer errores. Tenía hasta dos trabajos, nadie podía decir que era flojo, no, para nada. Además, había terminado una carrera, aunque nunca se tituló. Silvio, al igual que muchos “casi-titulados” no entendía porque teniendo estudios, no era seleccionado para los trabajos, aun aunque había salido con un buen promedio. Culpaban a los “recomendados”, a los que “pagaban mordida” e incluso a la mala suerte, esa que no le permitía estar en el “momento adecuado” o tener “los conectes necesarios”.

Silvio no pensaba que debía de buscar y comenzar a “construir” sus propias oportunidades, el hacerlo mediante mejorar su actitud, o de esforzarse en ver porque no salían las cosas. Eso era complicado y requería de tiempo, de paciencia. Él no le gustaba complicarse la vida y además no tenia tiempo, él solo quería estar seguro de que las cosas ocurrirían. Estaba claro que trabajando duro, siguiendo la reglas y sin aventurarse en ideas raras o evitando riesgos innecesarios, lograría lo que quería. Lo clave era mantener un trabajo y así, asegurando un sustento, sintiendo la seguridad de un trabajo permanente, sabría que lo demás llegaría. Así ocurrió con su papa y con su abuelo.

Si bien él no era un creyente ferviente, seguía costumbres religiosas que le hacían sentir que era una buena persona y que tenía asegurado el perdón de sus malos pasos. Tenía una imagen de la Guadalupana en su sala, siempre se persignaba y daba limosna cuando se paraba en la iglesia. Todo eso era importante, pues así aseguraba que la divinidad lo guiaría y definitivamente tendría su bendición en lo que hiciera, pues era un buen cristiano. Igualmente, él no se perdía de comprar “su número” para jugar la lotería y el “me late” sabia que algún día la suerte, el destino le sonreiría y le “pegaría al gordo”. 

Llego el tiempo que Silvio por fin encontró el trabajo perfecto, en el gobierno. Después de aguantar vaivenes políticos y dado que su puesto no era de “jefes”, logro mediante el sindicato obtener una plaza permanente. Ya la “tenia hecha”! Era perfecto, solo debía hacer lo que le dijeran, cumplir un horario y hasta aguinaldo recibiría. Ya tenía el primer paso dado. Sustento asegurado. Ahora la novia.

Él había estado cortejando a una muchacha muy bonita y mas joven que el, casi diez años de diferencia. Sencilla hasta cierto punto. Había estado con ella en la escuela, tenía las mismas creencias religiosas y hasta vivía en la misma colonia. Ella vivía con sus papas y trabajaba de empleada en un almacén de ropa. Vestía a la moda y le fascinaba salir a divertirse. Irene, ese era su nombre, también gustaba de seguir la vida de los artistas en revistas y de vivir la vida de otros a través de las telenovelas. Tenia planes de casarse, no de hijos todavía, pues quería pasársela bien un rato, mientras joven. Pero pues sabia que eso requería dinero y cuesta ganárselo, y más si solo se trabaja como una empleada. Coqueteaba con la idea de “ligarse” a un tipo con algo de dinero, que le pagara sus gustos y quien sabe, hasta quizás casarse con el.

Irene y Silvio, comenzaron a salir y se llevaban bastante bien, a pesar de que ella quería alguien con un poco mas de futuro. Si bien Silvio tenia trabajo, no pensaba o se aventuraba a ver algo mejor o con mayor proyección y mucho menos quería “tentarle a la suerte” con hacer algo que pusiera en riesgo su puesto en el gobierno. Siempre llegar a tiempo, cumplir con su trabajo y no crear problemas, esa era su moto. La relación con Irene se desarrollaba adecuadamente. Para Silvio ella era perfecta, bonita, joven y solo le tenía que cumplir sus gustos, a veces caros. Pero estaba seguro que con el tiempo, la convencería de casarse y tener familia. Silvio soñaba con tener un chamaco para jugar con él futbol.

El tiempo pasó y en el trabajo encontró maneras fáciles y sin mayor esfuerzo para obtener ingresos extras. Siempre siguiendo la idea de hacer lo que le dijeran sus jefes para asegurar su sustento, comenzó a apoyarlos más allá de su trabajo normal. Primero “tapando” las escapadas del jefe con su amante en horas de trabajo, posteriormente poniéndolo al tanto de lo que el director manejaba del presupuesto y de su campaña política dentro del partido en el poder. Información que su propio jefe usaba para obtener favores del director mismo. Sin querer Silvio había entrado en la maraña de la corrupción y del “compadrazgo” del sistema burocrático. Así, solo buscando “subir” en el sistema sin necesidad de complicarse la vida con más estudios, con proyectos nuevos o probando otros ambientes. Como él lo veía, la vida, el destino, ahí lo había puesto y sería un tonto si no lo aprovechaba. Además si no lo hacia él, otro lo haría y el tenia que asegurarse una mayor percepción. Percepción que su jefe, en pago a sus “favores” devolvía con “viáticos” y con “horas extras” no devengadas. Además ya Silvio acariciaba la posibilidad de entrar al partido político!!!! y convertirse en un influyente funcionario. No sabia que para eso se requería mas que solo hacer su trabajo, se requería ambición y audacia, cosas que el desconocía.

Sin querer, solo buscando la seguridad de una entrada económica y la tranquilidad de trabajar para mantener a su familia, Silvio mantenía y ya era parte del sistema burocrático, ese que se perpetua a si mismo, ese que es ineficiente, ese que demora y a veces detiene por completo el avance de un país. Donde por un dinero y una posición, miles, millones de “Silvios” apoyan y son usados por unos pocos, los “ganones”, los poderosos.

Esos ingresos extras fueron instrumentales para casarse con Irene, acabándola de convencer con una luna de miel en Cancún, en una casa para vacacionar de un político amigo de su jefe. Saldría caro y usaría las tarjetas de crédito que celosamente no usaba, pero valdría la pena, Irene lo valía. Ella, no tan convencida por Silvio mismo, si no por la vida que le esperaba con las influencias que iba teniendo su futuro marido. Poco a poco, todo se iría dando, el destino le sonreía a ella y prácticamente sin esfuerzo alguno. Se casaron un viernes por la iglesia y al año ya estaban esperando su primogénito. El destino los llevaba, los llevaba de la mano a ambos y les sonreía.

La vida de Silvio no estaba falta de vicisitudes, una de ellas era su frustración constante de no hacer lo que le gustaba, digamos profesionalmente hablando pues él estudió Ingeniería Mecánica; además por  depender forzosamente de la relación y vaivenes de lo que acontecía a su jefe. Y no se diga de las largas horas de trabajo y de viajes. Mas tenía claro que el camino que seguía le daría la paz económica para lograr lo que quería. De alguna manera sus frustraciones se calmaban, o más bien se olvidaban, al ver crecer su ingreso y reunirse con sus amigos para ir o ver los partidos de futbol. Ahora tenia una televisión de pantalla gigante (incluso tuvo que modificar su estancia para que cupiera) que le proporcionaba la inmensa alegría de ver los partidos. Al igual que millones de personas, incluida su novia Irene, se sentían identificados con las personas de la tele. Vivían a través de ellos, de los personajes, sus vidas, sus triunfos y sus angustias. En pocas palabras “vivan” la vida que ellos  querían y no tenían. Era irreal, pero ayudaba a llevar sus propias vidas. Estaban por demás “conectados al sistema” tal y como lo describe Morfeo en la película de Matrix.

Siempre como apoyo y de toda la confianza de los jefes, Silvio mantuvo su trabajo y las “migajas” que le llegaban, pues nunca logro que lo tomaran en cuenta para puestos claves, ya no tenia la ambición o la visión para ello. Aunque hubo cambios dentro del gobierno, la fuerte mancuerna y el equipo formado con su jefe - siempre apoyados por el partido y su modus operandi de “recomendados”- llevo a Silvio a mantener a su familia de manera modesta hasta que se jubilo con su pensión del ISSTTE. Había logrado todo lo que quería en la vida, estaba jubilado, tenía carro, casa, familia y hasta un hijo que ya jugaba en la segunda división del futbol y prometía llegar más allá. Irene era una buena madre, siempre en la casa, siempre cuidando a los otros dos hijos, Norma y Pepe, ambos ya en prepa.

La mayoría de nosotros, al igual que Silvio e Irene, buscamos una estabilidad económica y poder desarrollar nuestras vidas con base a una familia o a una actividad que nos gusta. La manera en que lo hagamos es variable, incluso a veces es diametralmente opuesta. En el caso de Silvio e Irene, su vida se centra en la búsqueda de un sustento seguro, es decir una percepción económica sobre la cual fincar sus vidas. Debido a ello, tuvieron que irse ajustando a lo que les “ponía el destino enfrente” de acuerdo a su premisa, obtener dinero, por supuesto para subsistir no para hacerse ricos. Porque alrededor de esto último, también se puede hacer la vida, pero se requiere otra actitud.

Pero veamos otras constantes en la vida de Silvio. Como lo describí, él “le echaba muchas ganas”. Todos sabemos que esto significa trabajar duro, continuamente y esto incluso muchas veces lo pedimos y lo aconsejamos a quien nos rodea. Pero ello no es sinónimo de trabajar bien y de manera inteligente. Para ello es indispensable saber lo que estamos haciendo, ir aprendiendo y construyendo a la par oportunidades que nos permitan avanzar y mejorar. Acciones que eran ajenas a Silvio e Irene.

La actitud de Silvio de ir a lo seguro, seguir las reglas y de buscar el dinero en lugar de lo que le gustaba o tenia aptitudes para ser, marco totalmente su vida, limitándola de manera determinante. Al no buscar oportunidades, al no aventurarse con alguna idea propia o tratar de definir sus propias reglas, tuvo que tomar lo que la vida le daba. Nunca se dio la oportunidad de conocer sus capacidades y de conocer otras posibilidades de desarrollo. Incluso, dado su ambiente y demandas de trabajo, pocas oportunidades tuvo de conocer otras maneras de pensar a través de otros escenarios o personas. Su universo de vida era feliz y desahogado económicamente hablando, pero restringido, intelectual y socialmente.

Culpar a la mala suerte o a otros (incluida la voluntad divina) es la salida más fácil que tenemos para no enfrentar la realidad y nuestros propios fracasos. El detenerse ante un problema o fracaso, analizar y ver primero, la enseñanza y luego las maneras de salir, es uno de los mecanismos mas importantes pera madurar y permite el construir realmente una vida plena.
La vida misma construyo la vida de Silvio. Mas Silvio, al igual que muchos de nosotros, podemos construir nuestras vidas, bajo nuestros propios términos y así apropiarnos de nuestras propias vidas, valga el pleonasmo! Seamos nosotros. Todo lo que necesitamos es actitud, deseos de trabajar constante e inteligentemente, consientes de las consecuencias, construyendo, siempre construyendo.

Haciendo memoria de una frase vieja pero terriblemente cierta, “la corrupción somos todos”, en nuestro transito por la vida caemos en usar los caminos fáciles y a veces promovemos o realizamos (consiente o inconscientemente) acciones que perpetúan al sistema pervertido que mantiene un régimen donde se construye para el poderoso y no para quien mantiene al sistema mismo. Y lo peor del asunto, nuestros hijos, nuestros alumnos, aprenden con nuestro ejemplo pues les “heredamos” muchas cosas, incluida nuestra visión de la vida y como la vivimos.

Como para muchos, para mí la vida es como un barco. Paulo Coelho de una manera muy bella, poética y pragmática a la vez, describe un barco diciendo “Un barco esta a salvo en el muelle, pero no es ese el propósito del barco”. Nuestra vida debe de ser vivida, y merece que busquemos sea en nuestros términos, pues al menos seremos felices, realmente felices.


Jorge Macías-Sámano

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Leonora y Jeremy Sanders

No es karma, solo causa y efecto | Juan Carlos Navarro





¿Qué puede tener de entretenido?... ¿pasar la vida de esa forma lo llevará a algún lado?

<< La Causa>>

“Leonora:

Espero no te moleste una más de estas peticiones que parecen por demás  extrañas pero: ¿Qué crees? Se me ha olvidado comprar el numeró mensual  del comic que tanto me gusta y ahora no puedo ir personalmente, te encargo que me hagas el favor de comprarlo… ¡TE AMO!
Jeremy”

Jeremy Sanders; ¡vaya tipo!, a pesar de ser un reconocido dibujante de comics para el segmento de entretenimiento del periódico de Grudenville;  siempre vestía con pantalones cortos, camisetas de beisbol o de bandas de metal, de aspecto descuidado, una gorra mal oliente siempre, sobre su cabeza que ya pintaban muchas canas, noctambulo por naturaleza, necio, melindroso, un poco loco y muy inmaduro para algunos o muchos  aspectos importantes de la vida, ese era él.

Si nos apegamos a la descripción que hasta ahora llevo de Jeremy, bien ustedes podrán definir claramente que del que hablamos es un niño de entre 10 y 13 años; claro (excepto por las canas y lo noctambulo), pero no; Jeremy se acercaba a la edad a la que Jesucristo fue crucificado, Jeremy ya casi cumplía 33 años y… casi sin quererlo para él también se venía algo de naturaleza fatal, pero sin llegar a los hechos que remembra la biblia en el viacrucis.

Leonora, siempre se solía preguntar al ver a Jeremy sentado sobre el suelo con las piernas velludas cruzadas, una sobre otra en posición meditabunda y con cara de estupefacción al intentar armar un cubo rubik, jugar con su teléfono o al jugar con un tangram: ¿Qué puede tener de entretenido?... ¿pasar la vida de esa forma lo llevará a algún lado?...

A veces con el coraje y confusión que se ahoga en la garganta; Leonora se daba media vuelta y lo dejaba seguir en trance lúdico; solo hasta que Jeremy olfateaba ese delicioso aroma de su amada; se paraba destrabando esas piernas que ya le dolían al permanecer esa posición y se acercaba con ella, a reconciliar los descuidos por su distraído comportamiento.

Es implícito y esta por demás decir que Leonora amaba a Jeremy (sino como aguantar a tal sujeto), solo que esta vez Jeremy había rebasado ciertos o… todos los limites.

Ese Jueves Leonora, llego cansada por las presiones habituales de su empleo, se acercó a ese gran refrigerador de puertas blancas, abrió de par en par las mismas, sacó la botella del rioja que se enfriaba en el bello armatoste gélido y se sirvió medía copa del elixir de exquisita rojura… al cerrar las grandes puertas blancas frente así, mira una pequeña nota escrita en un papel amarillo que decía:
  
“Leonora:

Espero no te moleste una más de estas peticiones que parecen por demás  extrañas pero: ¿Qué crees? Se me ha olvidado comprar el numeró mensual  del comic que tanto me gusta y ahora no puedo ir personalmente, te encargo que me hagas el favor de comprarlo… ¡TE AMO!
Jeremy”

Ni bien termino de leer, tan peculiar nota; hizo pasar a través de su garganta un sorbo grande de vino, el cual le raspo las amígdalas por efecto de los taninos que el contenía y sale disparada sobre el rincón donde Jeremy solía ir a dibujar y  jugar,  tenía un si numero de artilugios, juguetitos, comics, revistas, colores, crayones, pinceles, lápices, espirógrafos y demás cosas que parecería pertenecer a un anaquel de un jardín de niños.

Con furia, Leonora extiende el brazo sobre los estantes blancos que tenían y en donde Jeremy tenía puestas todas esas cosas, y lo arrastra sobre el haciendo que todos esos juguetitos se precipiten sobre la oscura boca de una bolsa de basura, recoge libros, comics y otras cosas y los tira fuera, en el lado izquierdo de la puerta roja que daba acceso a su departamento… irascible y totalmente llena de ideas azota la puerta y la cierra con seguro desde dentro.

Jeremy, que ni siquiera se imaginaba lo que momentáneamente sucedía mientras el regresaba del habitual expresso que se solía tomar en las mesas exteriores del pequeño café del parque central, después de la jornada laboral; regresaba caminando hasta su departamento silbando viejas melodías de jazz, con un andar muy pausado y hasta con cierto “swing”…

Llega, dobla la esquina y se acerca al portal que da acceso a su vivienda, quita llave cruza el mismo y para su sorpresa mira  que en el lado izquierdo de la puerta roja que daba acceso a su departamento, todos sus libros apelmazados, y una bolsa de basura negra la cual desbocaba varios de sus tantos juguetes y se pregunta… ¡¡ ¿Pero que diablos ha pasado aquí?!!

Mete la llave de cabeza redonda en la chapa y no logra abrir, se desespera y comienza a tocar gritando un poco, (solo un poco)… ¿Qué ha pasado Leonora?, ¿ábreme?, ¿estas ahí?; desesperado al no ver ninguna reacción Jeremy, grita con más ahínco casi al borde de la cacofonía… ¡LEONORA! ¡ÁBREME! ¿POR QUÉ? … ¿QUÉ HE HECHO?... << eso encendió a Leonora>>

Enfurecida se para tras la puerta, ahora cara a cara: Leonora y Jeremy solo los separaba la pesada puerta roja, e inicia el siguiente dialogo:

Leonora: ¿Qué quieres acá Jeremy?

Jeremy: <<atenúa la voz y dice>> Amor, ¿Qué ha pasado acá?... porque mis cosas están fuera y no quieres abrirme ¿qué he hecho?

Leonora: ¿Cómo que, qué has hecho?... <<sollozando>> ¿Qué te crees Jeremy?... ¿crees que esto pueda seguir de esa forma? ¿De verdad crees que podamos seguir viviendo de tal manera?...

Jeremy: ¿Qué es lo que he hecho?... ¿Nunca llego tarde?, ¿casi no bebo?, trato de hacer todo lo que me corresponde en casa; sé que soy muy desordenado, se también que tengo vicios arraigados como dejar mis zapatillas (tenis o zapatos deportivos) tiradas por ahí, pero siempre trato de complacerte en todo lo que puedo…

<<Leonora que al escuchar eso, pega la espalda contra la puerta y se toma de la frente, ahora llorando más>> responde:

Leonora: Y no es eso… tu sabes que eso no es lo que más me molesta, lo que me molesta son esos recados que me dejas como de niño pidiéndole algo a su madre; comprendo, entiendo y te amo por lo que eres, sé que eres un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, necio y descuidado, lo que verdaderamente no entiendo es porque me enamoré de ti… De lo que si estoy convencida es del siguiente hecho…

Creo que en lugar de tener a mi lado a un compañero, a una pareja, a un novio, creo tengo un hijo…

<<¡¡clacck!!>> Se destraba el seguro de la puerta mientras, esos dos, Leonora y Jeremy Sanders se funden en un fuerte abrazo

<< El Efecto>>

¿Todos deberíamos tener un Jeremy Sanders?

Desde mi personal punto de vista todo debe tener una justa medida, a veces hay que tomar ese lado serio y maduro de las cosas, para encarar ciertos aspectos difíciles de la misma y a veces,  otras veces <<creo yo en mayor parte>> hay que tomarlas con cierta filosofía de juego… ¿Por qué?

Desde la infancia somos reprimidos, siempre condenados, avergonzados e inclusive castigados, solo por el hecho de ser simplemente niños, de ahí vienen muchos de nuestros temores a afrontar con valentía la vida…

Que pasa cuando le decimos a nuestros padres: “papá quiero será arqueólogo, o músico o pintor o quizá astronauta o ciclista; generalmente se nos condena con la amenaza de decir: ¡Hijo mio en esa carrera no se gana mucho dinero! O ¡estas loquito, hijo, esas carreras solo son para niños ricos!...

Los padres no solo son los culpables, un sistema actúa siempre contra nosotros, profesores, compañeros, abuelos, tíos, etc.; ¿Qué pasa cuando tenemos dudas en clase?, ¿Por qué nos da temor preguntar?... los compañeros se burlan, a veces los profesores no contestan, y generalmente desde esos momentos se crean temores bien fundados que ya de mayores siempre nos incapacitan en muchos aspectos de la vida.

Las grandes y buenas ideas: ¿nacen de los niños aun vivos en nuestros corazones?

Espíritus infantiles que se suicidan, afanosos algunos se resisten o se redimen momentáneamente buscando salir a la luz después…  que hubiese sido si  algún niño interior no se hubiese imaginado: ¿Cómo sería cabalgar sobre un haz luminoso, mientras discurre el tiempo y el espacio en formas curveadas? – No tendríamos teoría de la relatividad; que pasaría si a algún niño loco no se le hubiera ocurrido salir en medio de la lluvia a volar un cometa solo para ver el efecto eléctrico del rayo – No tendríamos energía eléctrica; que hubiese pasado si hombres como Jobs o Gates no hubiesen jugado a “viaje a las estrellas” en las cocheras de sus casas; quizá ahora no tendríamos toda esta era de la informática…

Ya sea Einstein, Franklin, Jobs o Gates, hay niños que se resisten a perecer por el cruel verdugo de la madurez y la sensatez; también quizá no todas las buenas ideas nazcan de los niños que aun viven en nuestros corazones; pero lo más seguro y de lo que estoy convencido es que quizá, esos niños en lugar de crear algún mal, creo crean algún bien, dentro de todo lo que arrastran: complejidad, incomprensión, intolerancia y muchas cosas más; a veces esos niños aun viven ahí escondidos aun algún lugar recóndito de nuestros corazones, esperando airosos el momento de salir a jugar, crear, de salir a divertirse.

Hay niños que aún sobreviven y de ahí quizá todos tengamos un Jeremy Sanders…       ¿quizá…  yo sea Jeremy Sanders?

@giancarlonavesc

miércoles, 21 de noviembre de 2012

¡Oh Veracruz!
 -Rinconcito donde hacen sus nidos las Olas del mar (Agustín Lara)-




Este escrito es el homenaje al bello estado de Veracruz, un homenaje a lo que nos hace vibrar, esa vivencia sui-generis. Todas podrán dejar huellas, pero ninguna, como el fulgor de las noches en Veracruz...                                              

Christhian del Rosario Morales.



Estaba tomando un breve descanso en una habitación, de repente sentí que el viento sopló, y ví como las cortinas se movían, con un ritmo tan bello, como el de las olas del mar. Algo dentro de mí, me decía: muévete. Seguramente algo pasaba que me inspiraba a ir allí, y en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba cerca de la ventana. Me detuve y mis pupilas se dilataron asombradas de tanta belleza, estaba ante un lugar mágico, incomparable, lleno de hechos, que hacían vibrar todo mi cuerpo.

Motivada por tal suceso, me encuentro escribiendo tras la ventana de una habitación, del “Hotel Ruiz Milán”, lugar tan acogedor que se encuentra en un bello y maravilloso estado. Que hermoso eres Veracruz. Y como no, si tan solo dirijo mi mirada a tu Malecón y puedo ver a personas disfrutando del buen café “La parroquia”, aun de lejos percibo un delicado aroma a café (suspiro) y también escucho a un Jarocho, entonar un buen son.

Ah! y esos barcos tan grandes, quietos allí, en medio de las inmensidades del mar, ¿como evitar verlos? Transportan mi mente a otro mundo, a ideas tan fascinantes, a pensar que todo es posible (si tienes los deseos, el entusiasmo y el valor, siempre, siempre encuentras las herramientas). Hoy me hacen recordar mi infancia, cuando en los días de lluvia corría en busca de hojas de cuadernos o de papel periódico, para hacer esos dobleces tan exactos y crear un barquito de papel, mi sonrisa infantil dibujada mi rostro, cuando veía navegar contra corriente, aquel barquito de papel.  En esa infancia, creía en una mínima posibilidad que podría haber, de que alguien creara un barco tan enorme, un barco real, no de papel (tan real, como las canoas de Santa Brígida, Arriaga, Chiapas), escribo esto y me siento feliz, contemplando los barcos, en el puerto de Veracruz. Comprobando que todo lo posible, una vez fue imposible en mi mente.  Que: de querer a poder, ay un paso. Un paso, que requiere valor, coraje, y menester para realizar algo.

Ahora mi vista se vuelve a otro lado, veo personas paseando por el malecón, viendo el baile de la Sandunga. Y después de ver todo esto, ¿en que pienso? Pienso en que es hermoso ser espectador(a), pero he entendido que esta condición no debe ser permanente. Así que iré allí, a sentir como late, todo esto, de cerca, a sentir como la vida va ocurriendo día a día.

No es Karma, solo causa y efecto | Christhian del Rosario Morales.

miércoles, 14 de noviembre de 2012


Sin saberlo un pedacito verde comenzó a crecer en mí

No es karma, solo causa y efecto | Jorge Macías-Sámano




Ringggggggg, ringggggggggggg, rinnggggggg…….. El despertador con su cara fosforescente y desagradable sonido, me recordaba que debía de levantarme y comenzar a organizar todo lo que tenia que llevar ese día…

 Las seis de la mañana y mi primera actividad era levantar a Luis y a Manuel, mis hermanos. Aquellos, dormidos con toda la ropa y trebejos en cima, se debatían en levantarse y quedarse. Yo insistía, lo mas tranquilo posible. Soy desesperado, siempre he sido así, sobre todo cuando se trata de viajar. Eran los finales de los 70’s e inicio de los 80’s y los Bee Gees estaban en pleno.

Cheque la lista que tenía: mangas para la lluvia, chamarras, tortas, agua, la estufita de papa (ya llena de gasolina), una ollita, cuchillo de monte y cajas de cartón, plásticos, algunas bolsas y claro, algo de dinero algo así como 20 pesos –una fortuna-. Laura iba llegando de su casa y me comenzaba ayudar llenando mochilas y haciendo algo de café.

Chucho, Pepe y Ana se subían al tren desde Buenavista, pues les quedaba mejor. Cuando menos ellos compraban boletos y ordenadamente subían al tren con destino final Acámbaro, Michoacán y partían de ahí a eso de las siete de la mañana. En cambio nosotros teníamos que estar listos, pasaditas las siete, para treparnos al tren. Resulta que Tacuba, en donde esperábamos nosotros, era una estación de paso de ese tren y por lo tanto únicamente paraba unos minutos para que los que quisieran tomarlo se alcanzaran a subir. Era divertido y a la vez peligroso. En alguna ocasión llegamos tarde y el tren ya partía; Manuel se quedo colgado y muy cerca de los rieles y yo, no se como, lo levante, en vilo con ¡solo una mano! Pero, pues solo nos reímos, éramos invencibles, todo lo podíamos, nada importaba mas que la aventura, el paseo. A distancia, ya no lo veo tan así. Pero al recordar, sonrío y la nostalgia llega.

Ya dentro del tren, nos comenzábamos hacer lugar entre una multitud conformada por personas singulares. Soldados, borrachines, uno que otro gringo aventurero, vendedores ambulantes con mercancía diversa, varios tipos de bebidas, comida de todos tipos, dulces y hasta chiles rellenos y multitud de fritangas. También iban frecuentemente indígenas, que llamábamos inditos, con mercancía para vender y muchas flores. El olor a pulque era preponderante, pues además de que se vendía a bordo, se llevaban barricas a ser vendidas en el trayecto. Ya en el vagón de segunda, pues el tren no tenia de primera, encontrábamos a nuestros amigos y compartíamos las primeras tortas del desayuno con algo de café y uno que otro refresco que comprábamos a las mujeres que los traían en cubetas. Por supuesto estaba el clásico boletero y si no mal recuerdo pagábamos cada uno dos pesos cincuenta centavos por ir hasta la estación de Salazar en el Estado de México, afuerita del DF. Salazar, ese nombre es muy querido para mí. Y aunque creo solo fui ahí una vez con mi papa, no se por qué el sitio me recuerda a él, su cara sonriente y bromista platicándonos de sus aventuras cuando era alpinista y subía los volcanes.  Mi padre tenia un ademan que me molestaba y hasta hoy en día no se porque me pasaba eso. Cuando me hablaba a manera de énfasis, me señalaba con el dedo y me tocaba. Sus manos duras y dedos aun más; de tanto trabajo como mecánico, se sentían. Lo que es la vida, ahora eso ademanes y esa sensación me gustaría sentirla, la extraño sobre manera.
El trayecto era multicolor y veíamos varias de las barrancas que hay por Contreras. Todavía estaban cubiertas de encinares enormes, que ya en otras ocasiones habíamos explorado con singular alegría, pues con todas las hojas duras y secas que tapizaban el piso de las barrancas, era una delicia deslizarse cuesta abajo, sentados, de panza o parados. Únicamente tratábamos de prever el impacto con algún maguey o piedra grade que se atravesaba en nuestro loco y escandaloso trayecto. A veces con tremendos sustos al encontrarnos con algún voladero al frente, que aunque eran pequeños (3-5 metros), no nos salvaríamos del “porrazo” si no parábamos a tiempo. ¡¡Tierra y polvo Hasta dentro delas orejas!! Jajajajaj como sudábamos, se veían los arroyos dibujados en nuestras caras.

      A veces…. ¡no!... casi siempre, cada uno de nosotros estaba asomado a alguna ventana del tren o en las puertas siempre abiertas. De tal manera que el olor del tren, entraba y se pegaba en nosotros. Pero la sensación de frescura era ¡incomparable!  <<Traca, traca, traca, traca, traca>>…. el ruido del tren ¿Cuál ruido? Nunca lo oímos, ¡solo cuando pitaba! Salazar era una estación rustica de tren que estaba a unos 15 km adelante de lo que es la Marquesa, un sitio famoso de fin de semana para los citadinos. Era un llano con una laguna natural y totalmente rodeado de pinos y oyameles. Adelante, como a unos 5 km están unos terrenos del Instituto de Energía Nuclear. El tren llegaba ahí, a Salazar, a eso de las ocho y media o nueve de la mañana. Por suerte aquí si se detenía el tren durante 15 minutos.

   Bajábamos del tren, nos cargábamos todo al hombro y comenzábamos a caminar hacia el bosque, abrigados y el campo aun con neblina. La mañana siempre era fresca y olía mejor si había llovido, en la noche. Platicando y medio jadeando, pues siempre era cuesta arriba, rodeábamos la laguna. Casi siempre aventábamos piedras para salpicarnos, siempre jugando. Otras veces solo nos pasábamos cerca de la orilla para ver quien dejaba la huella más grande en el lodo y tratar de ver uno que otro renacuajo o rana. Llegábamos a un camino de piedras algo grandes, que en realidad era una escorrentía donde bajaba el agua del cerro, pero todavía era una cárcava muy poco profunda que parecía camino. Nosotros la tomábamos no solo porque era divertido brincar de piedra en piedra, si no por la posibilidad de encontrar víboras de cascabel. En esa parte, antes de llegar al bosque y llena de macollos de pasto, las víboras abundan. Y es que los reptiles salen a calentarse con los primeros rayos del sol y así nos los encontrábamos, medio dormidos, medio fríos. Los veíamos, a veces los molestábamos, pero nunca los agarramos. Como estaban apenas desentumeciéndose, solo se movían un poco y regresaban a su posición. Nosotros seguíamos subiendo, ya casi llegábamos a los primeros arbolitos de renuevo, ahí donde los escobillos amadrinan a los oyameles y en donde había todavía uno que otro pino.

   Entrando a la arboleda de oyameles, todo cambiaba. Nos rodeaba el verdor, la humedad y el olor a bosque. Desde el suelo hasta las punta de los arboles todo era verde, verde obscuro. Y es que el suelo del bosque de oyamel esta tapizado por musgo y variedad de plantas, pero no pastos. Esto hacía una alfombra continua, suave, de color verde obscuro intenso. Una alfombra tramada por multitud de materiales, en secciones por hojas de diversas formas, colores y texturas; hongos de todos tipos y texturas; pedazos de ramas cubiertas de musgos y a veces de heno; conos de los mismos arboles y gran variedad de pequeñas plantas de flor, muchos líquenes y hepáticas. Un micro mundo verde, húmedo y suave.  Nuestro objetivo predilecto, los hongos. Por ellos, Laura, mis hermanos, mis amigos y yo caminábamos por horas. Pero mejor dicho nos arrastrábamos por todos los recovecos del bosque. Siempre andábamos sucios y con la humedad hasta los huesos. Colectando hongos, de los pequeños blancos con sombrerito de colores azul, verde o rojo; de los que parecen ramas y astas de venados; de aquellos gordos y cafés como semitas;  de los que se ven con los gnomos, rojos, amarillos y medio cafés con manchas blancas, de los naranja como zanahorias; de los que son como trompas de cochino; de los blancos con café que se deshacen y sale como tinta obscura; de los amarillos como huevitos; de los delgados blancos o violáceos como transparentes; de los que parecen pasas grandes y huecos; de los que son como leña y crecen en los troncos de arboles viejos o tirados. Todos pasaban por nuestras manos. Los sacábamos con mucho cuidado, con todo y musgo y los envolvíamos cuidadosamente en papel encerado y los íbamos acomodando en cajas. Todos eran para la colección de la escuela. Bueno, no todos, pues  bastantes de los comestibles los separábamos y los comíamos en casa.
Mientras nos arrastrábamos conocimos mucha de la fauna que muy pocas personas conocen por que son organismos pequeños y viven entre el musgo y las plantas pequeñas que cubren el suelo. Varios tipos de salamandras, arañas, insectos varios, víboras de colores,  caracoles de diversas formas, ciempiés, milpiés, alacranes y eventualmente, el único mamífero venenoso, las musarañas. Estos pequeños animales, parecidos a un ratón, son ultraligeros y tienen una mordida ponzoñosa con la que paralizan a los animales que cazan.

    Ya como a la una o dos de la tarde, ya hacia calor, el sol en todo su esplendor. Parábamos la colecta y era hora del beisbol! Nunca llevamos bat, era a mano y usábamos pelotas de esponja, varias pues se perdían fácilmente entre toda la vegetación. El campo siempre era inclinado y con multitud de hoyos, sin matas grandes, casi puro pasto. La diversión era en grande. Solo estábamos nosotros y el bosque. Así que los gritos y movimientos no molestaban a nadie. La vegetación y uno que otro pájaro y ardilla eran los espectadores. Siempre los juegos eran de ¡¡garra!! Y de agarrarse, pues los ánimos de Laura y Luis siempre se encendían y casi llegaban a golpes. Y yo, en medio literalmente de los dos, ¡mi novia y mi hermano! Pero ya después de un rato, todo volvía a la normalidad y cansados terminábamos como a eso de las tres. Para esa hora y dada la altura al nivel del mar (1900 m) y lo fresco del aire, nunca nos dábamos cuenta de todo lo que nos quemábamos. La cara y los brazos se nos ponían morenos y solo el güero Manuel se ponía rojo. Comíamos el resto de nuestras tortas y uno que otro chocolate que llevábamos. Pero siempre nos quedábamos con hambre. Comenzábamos el regreso como eso de las cuatro, pues había que llegar a la estación para tomar el tren de regreso que pasaba a las seis de la tarde. A medio camino siempre nos agarraba la lluvia y en descampado. De nada servían las mangas o plásticos. Nada nos cubría de torrente que pareciera que venia de todos lados. Nuestros pies dentro de las botas “chacualeban” y a veces hasta se nos salían!! Esos eran otros momentos inolvidables. Ya mojados y todavía a como una hora de llegada, nada nos importaba, mas que no se maltrataran los hongos. Caminábamos y corríamos, otras veces rodábamos cuesta abajo, bromeando y literalmente en éxtasis bajo el agua y el bosque rodeándonos. El agua era fría, bastante fría, pero de alguna manera eso solo lo sentíamos hasta que llegábamos a la estación y teníamos que esperar el tren que generalmente llegaba tarde, algunas veces hasta las siete de la noche. En la estación había siempre señoras vendiendo fritangas y nosotros con hambre y casi sin dinero. Entonces hacíamos una “coperacha” y entre todos comprábamos sopes y algunas quesadillas y las repartíamos. Esas frituras, nos sabían a ¡¡gloria!! Y junto a los comales nos “arrejuntábamos” para que se nos pasara algo el frio y en eso se oía el silbato del tren, ya nos íbamos de nuestro lugar mágico y hasta la próxima semana.

     En esos increíbles y felices momentos nunca pensé que mi vida estaría siempre ligada a los árboles. Sin saberlo, un pedacito verde comenzó a crecer en mí. De Salazar vinieron muchos bosques, de muchos tipos y de lugares lejanos y muy escondidos en nuestro país.

     Uno que es, o mas bien, era la “quintaesencia” de lo verde y de lo que es un bosque, era el que estaba a la entrada de un pueblecito llamado Honey, si como la miel en inglés, honey. Ese pueblo pertenece a Puebla, pero esta  solo unos minutos de Tulancingo, Hidalgo. Para describir este pedazo de bosque me gustaría ser un gran escritor, además de un gran pintor. Pero aquí va mi intención. Quizás si comienzo por decir que parecía salido de un cuento de los Hermanos Grim, esos que mi mama nos leía a la hora de la comida para que no nos peleáramos los seis hermanos.  La palabra esplendoroso y como que te quitaba el aliento, seria poca cosa, pero es lo mejor que puedo decir. El color preponderante era el verde esmeralda. No, no exagero, ese era el color. El bosque estaba formado por arboles casi todos de un pino que se llama patula, único en el mundo y solo crece en esta región. Los arboles tienen corteza rojiza tirándole a anaranjado y como que se desprende en una especie de chinitos de papel; sus hojas son de color verde claro brillante; sus ramas colgantes y sus conos de color arena, muy duros. Los arboles eran enormes y cubrían todo el dosel del bosque, y si bien le conferían una cierta penumbra, la luz entraba de tal manera que literalmente esparcía el color verde en todas direcciones. Esa penumbra mantenía condiciones únicas para ese verdor bajo el dosel. El suelo era una mullida alfombra de musgos y líquenes, principalmente estos últimos, lo que le daba el color verde esmeralda. Pero lo mas sorprendente, único y que jamás, jamás, se me olvidara y tampoco a los que conocieron ese lugar, es que esa alfombra del suelo subía y cubría, de manera muy homogénea, también los troncos de los árboles, sean en pie o tirados. Como que el verde se fundía con todo lo que tocaba y lo transformada en más verde. Esa orgia de verde tocaba a los insectos y hasta las lagartijas tenían tonos de esos verdes que les permitía perderse entre el paisaje. Era tal el asalto visual que de verdad uno esperaba que salieran los gnomos en cualquier momento. Como si fuera poco, en algunos claros del bosque había de los hongos grandes y rojos con pintas blancas, así como otros únicos del sitio que salían de las bases de los arboles y parecían bastones barnizados y con agarradera blanca. Para rematar, las casas de los lugareños eran del tipo de “dos aguas” y hechas con tejamanil (tablillas de madera sacadas de los oyameles y algunos pinos), con lo que se completaba el cuadro de una escena de cuento con gnomos y hadas. Ahora, así es, es solo un cuento, pues no existe.

      El pedacito verde se quedo dentro de mí y con los años me envolvió y ahora forma parte de mi vida diaria, de mi pensar y hasta de mi familia. Ya no se ira nunca. Aquí sigo, con los árboles. Como todas las plantas, los árboles no se mueven y  enfrentan los problemas, los peligros de frente, aparentemente inamovibles. Son de los seres vivos con mayor masa y entre los más longevos. Sobre la tierra, son los seres vivos que más influencia tienen en nuestro clima y en el mantenimiento de la atmosfera vital para los seres que respiramos oxígeno.

        Deja que el verde crezca en ti, pero no de palabra, de hecho…


Jorge Macías-Sámano

miércoles, 7 de noviembre de 2012


Constanzo
No es karma, solo causa y efecto | Juan Carlos Navarro




Ya encumbrada en una posición muy favorecida por los alicientes de una economía holgada, alejada de las penurias incesantes de la vida cotidiana y sobre todo abrumada por un halo de confort e inseguridades, de elogios vanagloriados o inclusive del respeto: ya sea fraternal o por simple interés que le brindaban sus alumnos y colegas; la profesora Jazmín vivía una vida que no era del todo mala, tenía todo, o casi todo lo que se puede comprar con el dinero, solo que de aquella profesora que inicio su servicio como docente ante grupo en una comunidad Chiapaneca de nombre casi impronunciable por estar en un dialecto selecto solo para algunos privilegiados, no quedaba absolutamente nada.

A pesar de provenir de una familia de docentes y profesores rurales; alguna vez y no tanto por el antecedente familiar si no más empujada por satisfacer una necesidad de salir de la precaria situación en la que vivía (y aquí es donde hay que sincerarnos; para ella y para muchos de nosotros, el dinero es primordial y sumamente necesario), Jazmín decidió forjar su futuro en base al estudio pedagógico de la educación primaría y recordando sus palabras ella decía: “Trabajo como profesora solo para poder comprarme el automóvil que tanto he soñado”

No juzgaré a Jazmín, porque no me corresponde hacerlo, pero si trataré de describirla un poco, porque la conocía y creía conocerla bastante bien: para mi ella era una persona de gran capacidad, de buenos sentimientos, pero de un corazón bastante maleable, pobre ante la agolpante horda de excentricidades consumistas de la sociedad actual, sumiso el corazón por el entorno que la rodeaba, y, es que ella gustaba de tener cierto tipo amistades, de esas amistades que viven de las apariencias, que creen que las define el tipo ropa que usan, o inclusive los lugares donde comen; pero ella no era así…

Cuando niños; solía decir que ella quería ser doctora, para curar todas las “enfermedades del mundo y ayudar a la gente pobre”, nunca en aquellos instantes de inocencia le  paso por la cabeza la mercenaria idea de realizar sus estudios profesionales para llenarse las bolsas de dinero y mucho menos, pero sobre todo de necesitar de halagos y pleitesías absurdas por realizar bien su trabajo, desconozco cuando fue que ella cambio, pero si creo tener la idea de que la hizo cambiar…

Una necesidad de total atención y un espíritu materialista por demás enfermizo.

La cuestión es… ¿Hacer lo que nos gusta hacer, con convicción de servicio y entrega profesional, ganando el dinero justo? o ¿corromper el instinto primigenio y fraternal por comodidades y bienes materiales quizá innecesarios que nos brindan una vida de total desapego a la vida misma y hasta cierto punto nos alejan de los que queremos? … 

Cualquier respuesta creo puede ser la correcta, elegimos la vida que creemos nos puede funcionar, a costa de todo lo que se interponga en nuestro camino.

Elegir entre la ruta del colectivismo o del perjudicial sentimiento del personalismo… Jazmín eligió y esa elección la hizo cambiar de sobremanera a tal grado de ser una total desconocida para todos aquellos que la apreciamos en algún momento; y es aquí donde se hace presente la lejanía entre las personas.

Jazmín, comenzaba a asumir la postura de ser una persona muy especial, necesaria para nosotros, una persona de personalidad heliocéntrica que pensaba que los planetas giraban alrededor de ella, con el más grande descaro de desconocer a todas las personas y los medios que la pusieron ahí.

-         Un poco; como las galaxias que se alejan. 

En el subconsciente; creo recordar exactamente como sucedió todo; aunque lo más seguro es que ese subconsciente, este siendo traicionado por el acto consciente del repudio que me genero lo ahí sucedido e inconscientemente me haga remembrar cosas que a lo mejor no sucedieron de esa forma…

Era un Jueves decembrino, con un clima por demás benévolo, pero igual, de calores tropicales que castigan muy agradablemente, teníamos que ir vestidos de manera muy convencional y ad hoc a la ocasión <<muy a mi pesar>> recuerdo que viajamos junto con el tío Constanzo en el carro de su esposa, él: un viejo muy elocuente, de mirada sumisa y siempre como buscando algo en el techo o lo más seguro en el cielo, de tartamudeos a acusa de la edad, él tenía casi 76 cuando le entregaron ese reconocimiento a su larga trayectoria y una larga vida entregada a la educación de las comunidades rurales en Chiapas y en la cual también le entregarían premios al merito académico a algunos docentes que habían destacado en los concursos de aprovechamiento y en donde entre ellos se encontraba Jazmín.

Bajamos del coche y entramos a un restaurante por demás elegante, la entrega de los reconocimientos se realizaría en el área de jardines; dejamos al tío Constanzo en su lugar y nos retiramos a nuestros sitios desde donde veríamos la entrega del, tan merecido galardón para Constanzo “el profe”…

En eso… Una figura arrogante parte la plaza y se sube al estrado; era Jazmín, la que recibía el premio en ese momento, ella; ya al micrófono comienza por llenarse la boca de falsa modestia y pedantería; citando casi al borde de los gritos y con una mala técnica oratoria cosas como: “SOMOS LOS CREADORES DE LAS NUEVAS GENERACIONES”, “ESTAMOS ACÁ PORQUE MERECEMOS ESTARLO”, “SOMOS EL PRESENTE Y EL FUTURO DE LA EDUCACIÓN” <<siempre acompañado de un ademan que constaba en colocar el dedo índice de su mano derecha sobre el lado izquierdo de su pecho>>… termina la perorata y baja, castigada por unos escuetos y flojos aplausos que salen tal vez de una decena de personas del centenar que se habían presentado en esa ocasión…

Al tío Constanzo aún no le llegaba el momento para recibir el premio y mucho menos era su turno para hablar o agradecer; pero la indignación era casi colectiva y él siendo un tipo muy justo y de inquebrantable ecuanimidad ante situaciones difíciles; esta vez no pudo resistir y se paró, corvado por esa columna que resentía los estragos de la edad, con andares lánguidos y de temblores constantes; al andar por el pasillo central que dividía moisescamente en un par muy equitativo a los asistentes de la gala, se paran un par de profesores más jóvenes y le ayudan a llegar hasta el estrado:

<< Se escucha por el micrófono como carraspea la garganta intentando buscar serenidad y elocuencia y de pronto…>> un silencio abrumador acompañado de un vientecillo fresco que daba tregua a la acalorada y exasperante tarde… inicia el monologo <<Citando con fuerza proveniente desde el alma algo de Calderón De la Barca>>

“Es verdad; pues reprimamos esta fiera condición, esta furia, esta ambición, por si alguna vez soñamos; y sí haremos, pues estamos en mundo tan singular, que el vivir sólo es soñar; y la experiencia me enseña que el hombre que vive, sueña lo que es, hasta despertar.

 Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas le convierte la muerte, ¡desdicha fuerte! ¿Que hay quien intente reinar, viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte? […]

Yo sueño que estoy aquí de estas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida?  Un frenesí. ¿Qué es la vida?  Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”

Tácitamente culmina diciendo… “Siempre soñé ser un gran científico, entregar mi vida a las ordenes de la ciencia era mi deseo, más sin embargo la vida fue bastante buena conmigo, me dio la gran oportunidad de compartir esto… que a la vez me fue transmitido desde mis padres y mis maestros, la educación, la enseñanza, las matemáticas… ¿Qué hubiese sido de Einstein sin un maestro que le enseñara a leer? ¿Qué hubiese sido de Dalí sin alguien que le enseñase a descubrir los colores primarios? O del mismo Borges… Carecemos de agradecimiento, carecemos de recuerdo, creemos ser únicos, creemos tener todo el conocimiento como por arte de magia, no logre ser lo que siempre soñé ser y no me arrepiento, no necesito de aceptación, ni de premios o reconocimientos para saber que mi inútil vi ha servido de algo… nunca olvidaré que muy probablemente ayude a encaminar la vida de las personas a las que de alguna forma les compartí algo, un poco de lo que soy… un poco de conocimiento, un poco de alma… un poco de pasado.

La totalidad de las personas exponen los corazones y sus almas agradecidas con jubilo y aplausos cálidos mientras el “profe”, Constanzo parte la misma plaza que fue mancillada con anterioridad, con las manos vacías, el alma ensanchada y los ojos llenos de lagrimas.


PARA TODOS “LOS PROFES” LOS DE LA ESCUELA Y LOS DE CASA, LOS QUE ME ENSEÑARON, COMPARTIERÓN, DE LOS QUE APENDI DE MUCHAS FORMAS Y QUE AHORA DE FORMA PECULIAR AGRADEZCO CON TODA LA HUMILDAD QUE ME PERMITE EL DECIR QUE: “SOMOS LA SEMILLA QUE GERMINA DEL PASADO, CICLICA, QUE ESPEREMOS SE NIEGUE A MORIR”

@giancarlonavesc

jueves, 1 de noviembre de 2012


Incomprensibles,  de rareza especial, pero siempre atractivas, con la dosis y el flujo necesario de trémulas y escabrosas sensaciones que recorren por las vertebras de la espina dorsal; son estas historias; las que pasan y pasan como por un conducto verbal informal; de gente en gente, de generación en generación, vivas, negándose a morir, siempre y cuando provoquen, como lo provocaron en mi desde que la escuche por primera vez, de voz viva del narrador, sensaciones de extrañeza y terror.

No teman leer…
(nota introductoria: Juan Carlos Navarro)


El  nahual


No es karma, solo causa y efecto | por: José Luis Navarro Escobar

Es esta historia, que puede parecer  fantasiosa pero es unas mas de las “aventuras”  de mi vida errante, y eso que me pasó; es indeleble,  todavía cuando lo recuerdo se hace muy  fantasiosa pero para mi, que lo vi me pareció tan real…

Yo era muy joven mas de lo que soy ahora,  me fui a vivir a la ciudad de Comitán de Domínguez Chiapas,  tenia 15 años cuando mucho, para aquel tiempo ya fumaba (ups),y  de mis interminables caminatas en las tardes note algo que me llamo mucho la atención, hay muchas iglesias y casi una cerca de al otra, (los que han visitado la ciudad saben de lo que hablo), yo vivía en la zona del centro y como en cualquier ciudad la zona centro en horas de las noche siempre es muy desolada y a veces tétrica  digna de una película de terror, calles empedradas, bruma, a veces neblina, llovizna, algunas calles sin alumbrado publico, o focos que se hacen corto  y se apagan exactamente cuando cruzas debajo y se prenden cuando ya pasaste como si te estuvieran esperando, por que les describo como veía la ciudad de noche, pues así empezó todo en una noche, ya después de haber platicado con los “cuates” y de hacer mis compras rápido por que estaba lloviendo llegue a ese cuarto enorme con una pequeña cama, una sillas y una mesa y un olor a húmedo por que nunca le pegaba el sol sin ventanas son un foco de 60 watts me dispuse hacer mi tarea me coloque los audífonos y a escuchar el “rubber soul” de “The Beatles”, aproximadamente serian las 9 de la noche, todos en su casa pero no era  por el frio y la lluvia yo no sabia por que se dormían temprano ¡a las 9!, si a esa hora querías salir a realizar una compra,  ya no encontrabas nada abierto, pero bueno; bajo la lluvia empezó a llegar gente a esa vecindad que tenia un patio enorme y de repente tocaron a mi puerta esa puerta de madera que de una patada seguramente la tumbaban y la cual tenia por  candado un palito de madera (de esos de paleta de hielo), el que tocaba a mi puerta era un tipo como religioso, bien vestido, invitándome a una rezo, algo a lo cual no soy muy adepto, no le di tanta importancias (claro ni ahora) y antes de poner “play” empezaron con los “canticos” del rezo termine mi tarea y seguían en eso, al otro día en la tarde antes de salir platique con la señora que cobraba la renta y era dueña de esa vecindad le pregunte a que se  debía que rezaran en la noche a lo que me dijo: “¿eres nuevo en la ciudad verdad joven?” “solo cuando te digamos: ¡No salgas!, no lo hagas,  te lo pido por favor”, eso me dejo mas dudas que certezas del ¿por qué lo hacían?,  pasaron los días y de nuevo un día con lluvia torrencial…

Era miércoles si no me falla la memoria, esperaba a los rezadores pero no llegaron, me  puse a barrer mi cuarto en la noche y me salí a fumar un cigarrillo afuera, en la puerta, termine de fumar y me puse a leer, Demian de Hesse y me quede dormido con el sonido de lluvia en las tejas, ya en sueño profundo cuando me levanta un ruido como si los gatos estuvieran peleando arriba del cuarto: ¡caían las tejas y seguía lloviendo mucho!, me asome para ver que pasaba y me grita una mujer “no salgas hijo que esta el nagual metete pa’ dentro y encerráte” (sic),  y antes de meterme vi una sombra como de un perro pero enorme como un Gran danés brincando de techo en techo cual película japonesa de terror solo le podían notar como le brillaban los ojos, por la neblina unos ojos amarillos muy tétricos, sin pensarla cerré la puerta y empuje la cama para tapar la puerta así no pudiera salir, ¡El Nahual!, no les miento, tenia “un chingo” de miedo solo de ver eso me impacto mucho y mas cuando se sentía que estaba en le techo de mi cuarto y caían las tejas; en eso la señora grito ¿todos están bien? Y todos dijimos ¡si! al unísono, y no podía dejar de ver que onda con eso, que era eso, de chismoso vi por una grieta de la puerta y bajo la lluvia la señora comenzó a decir algo en un dialecto me imagino por que no le entendí nada y se escuchaba un graznido muy macabro, y la señora seguía con eso y miraba como, ”eso” saltaba de tejado en tejado hasta que se alejó y dijo la señora ya pueden salir, moví la cama y salí a platicar con la señora y le dije que era eso ¿un nahual?, y me dijo “si hijo es don Chalo el de los discos es un nagual pero los buenos no es brujo solo se convierte en animal”, y le dije si es bueno por que nos dijo que no saliéramos, “…ah por que le gusta jugar y como es animal los puede lastimar por que es un animal salvaje y hasta los puede matar, de hecho le dije a Carmino (el velador) que se pusiera su camisa al revés y orinara su machete y lo “cintareara” para que no ande asustando a la gente”, y no sé que cara me vio la señora que me dijo mañana lo vas a ver y lo veras todo golpeado yo lo había visto ese día en la tarde y bien por que con el compraba discos, al otro día mas por chisme que por música fui a tienda  y me compre un disco de “helloween” y me atendió el señor y me dio un escalofrió que palidecí de incertidumbre, el señor lleno de moretones en la cara con un brazo vendado y el otro con marcas que deja un machete cuando te pegan con el costado, y me dice “que te paso mijo” no nada solo que hasta a mi me duele como anda todo golpeado y me contesta (por que era mi cuate el ruco) “no te preocupes eso se me quita rápido, sale pues muchacho cuídese y no salga de noche por que hay mucho brujo” y se empezó a reír y como si no sabia le dije “¿apoco?” ,si por que crees que hay muchas iglesias en Comitán y la mayoría están juntas una de otras en ciertos lados, depende que tantos brujos hay en esas cuadras…  la respuesta de ese señor se aclaró una de mis dudas pero necesitaba que me la confirmaran y al llegar a al casa era tarde como las 5 y había empezado el rezo, termino y platique con la señora y me dijo lo mismo de las iglesias, y con eso tuve.

Ya mas tarde platique con el velador y me dijo “hey cuate no debes de salir en la noche debes de estar en tu casa antes de las 10 por los nahuales”  si ya lo se , ¿que apoco viste a don chalo?  Le dije “si” con risa nerviosa y medio un consejo cuando te topes a los nahuales ponte la playera al revés y orínate el cinto y pégales y te vas a tu casa sin voltear a verlos…. Y si  el nahual salía cada vez que llovía en las noches ya no me asustaba como la primera vez pero si muchas veces vi al señor todo golpeado quien diría que era un nahual y  así siguiendo esos  consejos que me dio “Carmino” el velador,  termina mi encuentro con los nahuales cosa que ustedes créanlo o no.

 Yo no creía en esas cosas pero yo vi algo que me dejo marcado de por vida, y que hay cosas que pasan sin que nos demos cuenta.

@navarro_pepe

miércoles, 24 de octubre de 2012

A toda acción corresponde una 

Reacción
No es Karma, solo causa y efecto | Jorge E. Macías






La Tercera Ley de Newton indica que “A toda acción corresponde una reacción, de la misma intensidad y dirección con sentido opuesto”.

Este principio universal rige la interacción física de los cuerpos, y puesto en otro contexto, ya sea de otras ciencias o incluso en la vida diaria, describe bien las consecuencias de nuestras acciones.

Como profesionista me encuentro constantemente con lo que implica la introducción de especies exóticas a una determinada área. Una especie exótica es aquel organismo que esta fuera de su distribución original o nativa, es decir que fue introducida a un nuevo ámbito. Si bien muchas especies exóticas son introducidas con un propósito, otras son “accidentes” que ocurren. Muchas frutas y granos (arroz, mango, trigo, etc) son exóticos y se han distribuido por todo el mundo para beneficio de la humanidad. El ver animales exóticos en zoológicos tiene un valor educativo y de investigación. Los conocidos eucaliptos son originarios de Australia, crecen en muchas partes del mundo y tienen gran utilidad no solo como madera y celulosa, si no como estabilizadores de suelo en sitios con erosión. Ecológicamente hablando, una especie exótica llega a un medio en donde los organismos normalmente asociados a la misma, sean enemigos o que la beneficien de alguna manera, no están presentes. De igual manera, el medio que recibe a la especie exótica, tampoco la “reconoce” de inmediato y no puede interactuar con ella de manera alguna. Consecuentemente, dependiendo de la adaptabilidad de la especie exótica y de las especies que potencialmente se puede asociar a ella, el futuro de la primera será definido. Muchas veces la especie exótica muere y no llega a desarrollar una población para mantenerse; en otras ocasiones, aprovecha el vacío de enemigos y la bondad del ambiente, creciendo en números insospechados ejerciendo un impacto ecológico considerable.

La acción de introducir especies tiene consecuencias ecológicas y económicas que pueden ser positivas y negativas. La mayoría de los casos la repercusión ecológica es mas importante por tener un efecto mas permanente y mucho mas amplio, pero al final muy posiblemente redundara en un impacto económico. Australia es un continente en donde se han realizado introducciones de gran variedad de organismos y por el hecho de ser una isla-continente los efectos son muy marcados y han sido documentados ampliamente. En ese continente fueron introducidos conejos europeos para que los Dingos (perros salvajes y el depredador nativo más importante) tuvieran comida y aumentaran sus poblaciones, al tiempo que los habitantes tuvieran un animal como caza deportiva. Los conejos no solo por tener un poder de reproducción altamente conocido, si no por carecer de otros enemigos naturales en su nuevo ambiente, crecieron a un numero tal que se convirtieron en una verdadera plaga, afectando cultivos agrícolas y vegetación natural. 

Tal fue el daño y por ende la necesidad de controlar a estos herbívoros, que el gobierno Australiano en 1991 introdujo una enfermedad específica de ellos para erradicarlos  y casi lo logró. De una manera parecida, el nopal, ¡sí! ese que comemos y produce tunas, fue introducido a Australia en los 1800’s con el fin de criar la cochinilla, un insecto que produce un tinte rojo y  que crece en ellos; el tinte era en ese entonces una mercancía muy apreciada para teñir tela y sobre todo los uniformes del ejercito que son de ese color. A la par, el nopal fue cultivado también como fruta y como un excelente cerco vivo. El hecho fue que, esta planta desarrollándose en un medio sin enemigos naturales y con un clima propicio, para mediados de los 1900’s ya había invadido ¡60 millones de acres! Como la dispersión de la planta, ahora una “mala yerba”, era promovida por aves como los Emues (aves parecidas a los avestruces), cuervos y otros similares, ellos comenzaron a ser cazados para detener el avance. Se usaron muchos productos químicos para su control, incluidos compuestos de arsénico y otros altamente tóxicos, pero los esfuerzos fueron infructuosos. Fue hasta 1926 que se hicieron las primeras introducciones de un insecto enemigo natural del nopal (y por ende, exótico para Australia) y al cual le tomo casi 60 años (gracias a constantes reintroducciones y monumentales programas de reproducción y liberación del gobierno) detener y disminuir la distribución del nopal. Sin embargo a la fecha el nopal todavía existe en algunos sitios, pero ya en números muy bajos. Se sabe que un 42 % de la especies en peligro de extinción están en riesgo por especies exóticas introducidas.

La acción --  La introducción de estos agentes nocivos a otras localidades -- aunque no intencional, es constante y siempre latente. ¿Las razones? El alto comercio y transito existente entre las naciones. La reacción opuesta y con sentido contrario ocurre cuando estos nuevos organismos, llegan en números muy reducidos, pero encuentran condiciones para explotar el medio y se convierten en poco tiempo en grandes números y generan un problema importante. Mas este aspecto de la “acción y reacción” no es solo privativo de los sistemas biológicos. En nuestra vida diaria, en el comercio, la “acción” la vamos construyendo a diario y además de manera intencional, compramos productos extranjeros por ser los mas baratos o en el peor de los casos por que son los que existen. ¿La reacción? La explico mas adelante.

Asia se ha convertido una potencia en el comercio internacional y sus productos están ya en todas partes, con un impacto importante para la economía de México y de otros países, incluidos los desarrollados. Al margen de la calidad, dados sus esquemas de producción, son altamente competitivos por tener un bajo precio y tener una producción masiva. Se siente uno mal de ver en el comercio juguetes autóctonos, como las pirinolas y tropos de madera, hechos en Taiwan o “Tequila” hecho en Japón. Los asiáticos no se detendrán y utilizaran sus constates “cantidad y precio”, para introducir sus artículos exóticos, ejerciendo un impacto (reacción opuesta) en toda nuestra rica y tradicional artesanía. La calidad de los artículos asiáticos es bien sabida; mala, pero eso no nos detiene a comprarlos. Intencionalmente estamos introduciéndolos y quitando oportunidades de trabajo reales (no me refiero a los vendedores ambulantes que venden cualquier cosa) al no comprarles, pero  también indirectamente incidimos en impactar una forma de vida  y a desaparecer usos y costumbres que forman la base de nuestra cultura, que queramos o no afectan nuestra economía. Lo mismo ocurre con algunos alimentos, que son introducidos de otras partes y consumidos en el país, a pesar de cultivarse o de criarse en el nuestro. No se diga si los productos son el resultado de desarrollos tecnológicos o científicos, pagamos muy alto por los mismos, solo pensemos en los electrónicos y en muchos medicamentos.

Los organismos y artículos exóticos ejercen un impacto ecológico y económico. Paradójicamente ambas palabras tienen la raíz “eco” (del griego oikos, casa), la primera refiere al “ambiente” y la segunda a la “administración” de la casa. Por lo que sin importar como veamos o entendamos la introducción de exóticos, en una concepción amplia ambos afectan la “casa”.  Y lo que es peor, ambos, el “medio” y la “administración” ejercen una sinergia fuerte que puede balancear la resultante hacia ambos lados.  
Por ello los invito a reflexionar no solo en lo que ocurre con nuestro ambiente, si no lo que implica comprar artículos extranjeros, pues ya lo dijo Sir Isaac Newton “a toda acción siempre existe otra igual y con sentido opuesto”.

Jorge E. Macías Sámano