martes, 23 de abril de 2013


Serie “Ficción Biológica”
Ensayo 2
La conducción, el mayor poder de la triada
No es karma, solo causa y efecto | Jorge Macías Samáno




Como todo cuerpo en el planeta, ellas tres estaban a merced de la fuerza de gravedad del mismo y a las temperaturas que ahí existían. Cuando juntas las tres, la fuerza de la gravedad y la energía de la temperatura, les daban forma a su conjunto. En ocasiones las podían llegar a juntar tanto a las tres, tanto, que las volvían de formas geométricas, como cristales, bellísimos. O separarlas tanto, tanto, que ya no estaban unidas, perdiendo todas sus propiedades, haciéndolas amorfas y dispersándolas de tal manera que solo las gemelas seguían juntas, pero la otra, la diferente, ya nunca más las encontrarían se perderían en el aire mismo.

Las tres estaban juntas, casi siempre fuertemente juntas. Y cuando lo estaban podían hacer muchas cosas, tenían poderes que no podían tener si no estaban tomadas de la mano.

Agarradas de la mano, la atracción, la arquitectura que las unía, era tal que podían jalar a otras parecidas a ellas, a sus clones. Jalarlas y mantenerlas a todas unidas por mucho tiempo y moverse por espacios pequeños y grandes sin perder su comunión.

Tomadas de la mano, podían absorber mucho calor, tanto como el peso de ellas mismas. Y si eran muchos los clones unidos como cuentas de un rosario, su poder crecía exponencialmente y podían regular la temperatura. Paradójicamente, si almacenaban demasiado calor, las podía llevar a desintegrarse y separarse sin remedio, perdiéndose así su mágica unión.
Agarradas de la mano. Ellas sencillas, como solo ellas eran, pero a la vez poderosas. Poderosas en un grado tal que prácticamente la vida del planeta entero podía, en un momento dado, depender de ellas.

Ellas tres y sus clones movían y hacían posible el funcionamiento de prácticamente todos los entes vivientes del planeta. Y además, eran parte intrínseca de la atmósfera que rodeaba a todos. Podían también unirse a otros materiales y elementos, integrándose a ellos y creando completamente un nuevo material de construcción y de conducción de energía.
Para la vida misma, las capacidades de la triada de conducir y de unir a otros elementos, era quizás lo más importante. Estos poderes de la triada hacían posible controlar, hasta cierto punto, la temperatura de los objetos en contacto con ellas; permitían que ellas se enlazaran con otros elementos y materiales, haciéndolos disponibles a todos los organismos para que en una palabra, vivieran ¡La triada era como un enorme, potente y omnipresente conductor de calor y de materia!

La triada ha sido tan importante, incluso para el hombre, que a través de la historia del mismo ha sido reconocida y convertida en una divinidad. Tláloc y su segunda esposa Chalchiuhtlicue o Matlacueye, son deidades nahuas del México prehispánico  Ganga, la diosa del rió Ganges en India representa al agua. Neptuno (para los Romanos) y Poseidón (para los Griegos) eran reverenciados como los dioses del mar. En Egipto, el agua uno de los elementos primogénitos es representado por la Diosa Anuket. El hombre en estas mitologías veía al agua solo como los mares, los océanos, los ríos y la lluvia, no dimensionaba que el agua estaba en todas las cosas y tenía propiedades que regulaban la vida misma. Una excepción eran los mayas. Ellos representaban al agua como el dios Chac, al cual reconocían como el regidor de la vida, y que la naturaleza no era algo meramente mecánico, que obedecía a fuerzas superiores, de tal manera y de una forma única, los mayas creían que Chac influenciaba la energía creadora, las aguas internas del ser humano. Con esta visión, los mayas nuevamente nos sorprenden con su poder deductivo e inquisitivo, ubicando al agua más allá de lo obvio (cuerpos de agua en la tierra), sino en el interior de cada ser vivo.

No es solo el agua que cae del cielo, la que corre en los ríos y llena los océanos, es el agua que existe y forma parte de las células de todos los seres vivos y que les permite, eso, vivir. N solo es la hidratación que da, si no la posibilidad casi infinita de acarrear moléculas de un lado a otro, permitiendo millones de funciones y estructuras vivas.
No es redundante entonces, el expresar hasta la saciedad que la cuidemos y entendamos su importancia en todo, incluida la dinámica de la atmósfera de nuestro planeta y las implicaciones actuales en la realidad del cambio climático, entre otras.

La triada, dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno (H2O), esos son los elementos que forman el agua. El agua, el solvente y el regulador de temperatura universal para la vida tal y como la conocemos y entendemos. Hasta ahora.

Jorge E. Macías-Sámano
Vancouver, BC, Canada
Abril 2013

miércoles, 10 de abril de 2013


Los Prejuicios del Vagabundeo

No es karma, solo causa y efecto - Juan Carlos Navarro


La tarde calurosa… por esas calles siempre humeantes de un vapor condensado que se nota siempre a lo lejos de las pavimentaciones que son sobre todo de asfalto, suele caminar un sinnúmero de gente con un igual, sinnúmero de historias; las calles que presentan siempre sus dificultades para los que por alguna razón las tienen que transitar a mitad del día.
Rodrigo era un vagabundo, un mendigo; caminaba por esas calles que emanaban un calor sofocante; siempre con un viejo libro, ajado por el tiempo, y sin las pastas, un libro que apretaba celosamente  con su axila izquierda maloliente, en la otra mano siempre solía llevar una piedra, que bien le cabía en el puño, los zapatos rotos y desgastados de las puntas, ningún brillo había en ellos; los pantalones desgastados de las rodillas y hechos jirones en el ruedo, un cable eléctrico que hacía las veces de un cinturón, una camisa, muy, muy descolorida, rota y muy sucia; el cabello era un desastre, creo que, desde hacía muchos años no se había pasado un peine por esos rulos, los dientes en deplorable estado, sin duda era acérrimo enemigo del dentífrico y el cepillo dental; y el olor corporal no se diga… desagradable.
Esas tardes calurosas del verano siempre suelen traer algunas cosas que son dignas de remembrar y de contarse; eran aproximadamente las 2:30 de la tarde, cuando Rodrigo se paseaba, cabizbajo y no tanto por las preocupaciones, sino más bien por el inclemente sol que se hacía sentir en esta ciudad, a pesar de tener los pies callosos y de estar habituado a caminar por largos lapsos, sentía la necesidad de tomar un descanso y sobre todo de tomar alimento.
Como haciendo caso a sus plegarias; un oasis urbano se aparece ante él; cien metros delante de esa calle empedrada que topaba en aquella pared de ladrillos que delimitaba el parque de beisbol de esta ciudad, se vislumbraba un tipo de jardín, lleno de las más diversas especies de flores y plantas endémicas de la región, que rodeaban un gran árbol de laurel que daba una sombra pletórica; debajo del gran árbol unas pequeñas bancas y la entrada de una pequeña casa.
Rodrigo, con libro bajo la axila izquierda maloliente y con la piedra empuñada en la mano derecha se acerca a un señor regordete y de aspecto afable, que parecía custodiar la entrada de esa pequeña casa y le dice:
-          Muy buenas tardes señor, disculpe que lo interrumpa en la calma que lo embarga en este momento al pie de esta hermosa sombra; pero quisiera decirle de forma muy apenada que necesito de usted y sobre todo de su ayuda.
El señor regordete, impactado por la fluidez y las muy buenas maneras con que Rodrigo “El Vagabundo” se presentó pidiendo ayuda, accede presto… y le contesta también de muy fina manera, para no variar el tono y le dice (con un poco de sarcasmo):
-          Dígame usted caballero, ¿en qué le puedo ayudar?
Rodrigo “El vagabundo” responde:
-            Dos cosas son las que solicito de usted amable señor; la primera es que me deje sentar bajo esta hermosa sombra que adorna su casa y la segunda pero no menos importante es que; le pido de manera <<vuelve a repetir>> muy apenada, me regale una tortilla para comer, esta piedra.

Mientras Rodrigo “El vagabundo” empuñaba en  la mano derecha a nivel de su mejilla la piedra que se comería, mientras se la enseñaba al señor regordete; este se queda doblemente impactado, primero por la forma en que este “vagabundo” se expresaba de manera tan cortés y luego… ¿Cómo qué?  … ¿Tortillas para comer una piedra?

El señor regordete le invita  a sentarse en una de las bancas debajo de la confortable sombra, y le dice (de nuevo en forma sarcástica); siéntese usted - ¿Cómo dice que se llama? Le pregunta el viejo regordete a Rodrigo; este responde – Aun no le he dicho, pero me llamo Rodrigo, Rodrigo “El vagabundo” – El viejo regordete responde con una risilla sincera y le dice: permítame un momento Rodrigo “El Vagabundo” le traeré la tortilla que usted me pide, y no solo le traeré una tortilla, le regalaré 5 tortillas, y un vaso de agua de naranja porque me imagino que para digerir esa piedra no bastara solo con la saliva de su garganta… - Rodrigo, se ríe de nuevo, y le dice:  - aprovechando,  también regáleme un poco de sal, ¿sabe? Estas piedras carecen de sabor… ¡JA JA JA JA! Se ríe el viejo mientras se adentra en la pequeña casa.

Un par de minutos después el señor regordete sale con las tortillas, la sal y el prometido vaso de agua de naranja que le había ofrecido; Rodrigo recibe todo de muy buenas formas y se bebe el vaso de agua de naranja de un solo sorbo; ya con la garganta fresca, le dice al viejo regordete: - Sabe señor, he vagado durante 10 o quizá 15 años, y la gente generalmente es muy prejuiciosa, piensan que por ser un indigente, un mendigo un vago, por vestir la ropa que visto, por lucir como luzco, piensan que soy un ignorante; cosa contraria en usted, salvo sus pequeñas dosis de sarcasmos, usted me ha tratado de forma muy digna, como una persona, y eso lo agradezco profundamente… ¿sabe usted?, abusando aún más de su confianza le comentaré que hace ya 3 días que no como decentemente, y pues, ¿no se?…  ¿quisiera usted regalarme, un par de tomates para acompañar mi piedra?...

El viejo regordete, pensativo y con la mirada afilada, lo observa como diciendo para sí mismo “este vagabundo, me quiere ver la cara, solo le seguiré el juego para ver hasta dónde llega”, el viejo quita la mirada pensativa y botepronto le responde a Rodrigo: está bien le regalo los tomates pero, hagamos un trato; platíqueme de su vida, la forma en que usted se expresa me dice que es un excelente contador de historias y la suya, parece ser digan de ser escuchada y le daré lo que este a mi alcance para que pueda disfrutar de su muy apetitosa piedra <<el señor regordete, de nuevo con el sarcasmo>>… mientras iba expresando esas dosis de sarcasmo, el viejo, de nuevo se vuelve a meter  a su casa.

Ahora, el viejo sale con un anafre, un sartén, los tomates, una caja de cerillos, carbón, un cuchillo pequeño pero con muy buen filo, todo como para improvisar una pequeña parilla donde pudieran cocinar la piedra que el vagabundo decía que comería… Ahora Rodrigo era el sorprendido, pero a pesar de eso, estaba muy complacido por que por fin comería algo decente “Entrecomillado”. El señor regordete pone todo en la banqueta en donde daba aquella pletórica sombra del laurel y le dice a Rodrigo: - ¡Adelante amigo!, cocínese usted mismo lo que comerá… Rodrigo con una gran sonrisa agradece el detalle, y se dispone a cocinar, mientras realiza todos los preparativos comienza a contar su historia:

El vagabundo Filósofo

Sabe mi estimado señor, esto no es nada nuevo, - ¿Qué no es nada nuevo?, Pregunta el señor regordete, ¡esto! le contesta Rodrigo mientras cogía con la mano izquierda, la misma que había dejado de apretar el libro bajo la maloliente axila, un pedazo de la rota camisa que vestía y se la enseñaba al señor, y repite - ¡esto!... de ser vagabundo y sobre todo un vagabundo filósofo, desde muy temprana edad había yo leído sobre la “escuela filosófica cínica”, <<comentaba plácidamente mientras en el sartén ya un tanto caliente machacaba con la piedra un par de tomates>>.

¿Escuela cínica? Repite el viejo regordete mientras por su mente dice: “¡Claro,… no puede haber mayor cínico en esta tierra, que este vagabundo¡”… ¡Sí! Responde Rodrigo y no se refiere al cinismo el cual en este momento está usted pensando; en aquellos tiempos, de la filosofía griega, el cinismo era un estado que requería más que ser un descarado, ser cínico significaba ser feliz, despojarse de todo lo material que nos rodea y vivir, vivir solo con el simple objetivo de ser feliz, sin estorbosas cargas de consumismo; expresarse con sátira del sistema que nos hace dependientes de los bienes materiales de lo que podemos presumir ante los demás, es una de nuestras caracteristicas, siempre en busca de la elocuencia con respecto a nuestra forma de vivir.

Eso me ha traído un sin número de enemigos, de burlas y de gente que no soporta lo que represento; Estoy acostumbrado a dormir en los parque sobre todo en los que están en zonas periféricas de la ciudad donde la vigilancia policiaca es nula; <<mientras decía esto, del sartén salía un buen aroma que le daban, los tomates asados, unos pedazos de cebolla, un chile jalapeño troceado y en el medio de la ebullición de esa salsa tan aromática estaba la tan mencionada piedra>>  - Rodrigo Continuaba Hablando -  Hubo una vez, en uno de esos parques muy por la mañana, en donde llego un maestro albañil… “¡Tito!” se llamaba lo recuerdo muy bien,  prepotente y mal encarado, y con una voz que hacia temblar a los demás indigentes con los que compartíamos, las penas, el alcohol y el cansancio sobre las bancas de ese parque. Este “Obrero” <<con tono de desprecio>> llegaba preguntando sin la más mínima consideración, cosas como, “Haber estúpidos, ¿Qué saben hacer?, ¿quieren ganarse unos pesos, muertos de hambre?, y de repente me mira fijamente y me dice - ¡Tú! ¿Qué sabes hacer mugroso?, y le respondí con un grito percatándome de que todos lo escucharan… ¡SE MANDAR!, ¿SI QUIERE CONTRATAR UN PATRON? ¡AQUÍ ESTOY!... <<El viejo regordete se tira una carcajada tremenda>> después dice… ¡Que descarado! <<Mientras seguía riendo>>, ¿De verdad hizo eso?- claro respondió Rodrigo mientras tenia puesta la vista en el sartén donde se cocinaba suculentamente esa piedra. Y continua diciendo mientras voltea con mirada risueña hacia el viejo regordete, ¿de casualidad no tendrá un pedazo de bistec que me regale?, ¿Digo? Aprovechando su bondad; -El viejo complacido asiente de muy buenas formas con la cabeza, y se mete a la casa en busca del bistec, mientras continua riéndose a raíz de la anécdota que Rodrigo le había contado.

De nuevo vuelve a salir, ahora con un pedazo de bistec modesto que venía dentro de una bolsa que sudaba frio por provenir de la heladera y se lo entrega a Rodrigo, este,  complacido; comienza a hablar mientras sazona con sal y el jugo de un medio limón, su bistec.

¡NOOO!... y si yo le contará mi querido amigo… Hubo otra ocasión en donde la necesidad me hizo pedir limosna <<el bistec ya estaba en el sartén, cocinándose, junto con la piedra y la salsa que olía de manera exquisita>>, me fui a postrar en una esquina muy concurrida de la ciudad por la zona comercial, donde toda la sociedad consumista llega a abastecer los diáfanos placeres, y me puse junto a un par de personas, uno era un ciego, harapiento y ya viejo, la otra era una mujer con un pie vendado que aparentemente le dolía mucho, despeinada, sucia y algo excedida de peso, yo me puse al lado de ellos y escribí sobre un viejo cartón que encontré tirado con un lápiz roído que siempre cargo  conmigo, lo siguiente: “Vagabundo Filosofo, en desgracia, ¡ayuda!” <<mientras contaba eso, el viejo regordete estaba totalmente inmerso en el relato y, Rodrigo Ya tenía en la mano derecha en la cual llevaba la piedra, un par de tortillas que esperaban ser llenadas con lo que estaba en el sartén>> ¿Y QUE PASO? – irrumpe el viejo regordete, mientras miraba a Rodrigo llevarse a la boca las tortillas repletas con lo que se cocinaba en el sartén, que se derramaba por los extremos del ya enrollado taco, con la boca llena continua…

Llevaba yo ya tres horas ahí postrado, tendiendo la mano esperando recibir una moneda, y simplemente no me habían ni volteado a ver, lo curioso era que… <<hace una pausa para chuparse los dedos y prepararse otro taco y continua>>… que, el ciego y la señora con la venda en el pie, llevaban algo así como 15  y 9 pesos respectivamente, y ¿yo?... ¡Nada¡, en eso venia caminando por ese lugar una señora muy modosa, ya entrada en años quizá unos 60 o 65 muy producida y ataviada de collares y con un vestido demasiado revelador para su edad, es una de esa mujeres a las que yo suelo decirles “Cuquis Corcuera” un tanto adineradas y buscando algún tipo de acción lubrica con algún interfecto joven o por lo menos más jóvenes que ellas tirando el anzuelo metálico de los pesos, <<otra pausa y se prepara el ultimo taco, dejando solo un poco de salsa en el sartén y la piedra manchada de esta misma en el centro y continua>> llega la “Cuquis” y le da dos pesos al ciego y un peso a la señora, y a mí me queda viendo muy seria y me dice con una voz chillona y muy modosa: “Le debería dar pena, usted no necesita andar pidiendo limosna, ¿Por qué no se pone a trabajar? – Le respondí: con otra pregunta: ¿Por qué la gente?... o más bien, ¿Por qué usted le da dinero a los pobres o a los desgraciados y no a los filósofos, como yo?, me responde sumamente agitada: ¡No tengo porque responder a su pregunta! Y le replico: ¡Yo se la responderé – Porque muy conscientemente usted tiene miedo y sabe que puede llegar a ser pobre o desgraciada, pero ¡¡jamás será un filósofo!! – El señor regordete se tira una estruendosa carcajada mientras Rodrigo, repasa la superficie del sartén con un pequeño pedazo de tortilla, tratando de levantar hasta la última gota de salsa…

El señor regordete, aun con una sonrisa muy grata y sincera le pregunta a Rodrigo “El vagabundo”: , - ¿Y usted?... ¿Qué pretende de la vida? … ¿qué cree que sea lo que busquemos como hombres? – responde Rodrigo: ¡Yo!, solamente quiero morir feliz…

Terminada la sentencia, Rodrigo se para de la banqueta, se mete el viejo y ajado libro entre la axila maloliente de su brazo izquierdo y cuando estaba a punto de agradecer la comida – lo interrumpe el viejo y le dice:

¿Oiga amigo?, ¿Y qué paso con la piedra; no se la iba a comer?...

Rodrigo responde:
¡No mi estimado Señor!, esa la guardaré para mi desayuno

Recoge la piedra con la mano derecha, la limpia en el sucio pantalón y se la mete en la bolsa, mientras al afable señor regordete se le borra la muy grata sonrisa.

@giancarlonavesc

jueves, 4 de abril de 2013



Serie - Ficción Biológica -

Entre Gaea y Helios

No es karma, solo causa y efecto | Jorge E. Macías Samáno 



Salía de entre las capas de tierra. Dejando salir un olor característico, como a moho, como a tierra, como a fruta.
Se iba abriendo una grieta. La grieta crecía, muy lentamente. Incluso con cada movimiento, a veces la cerraba con la tierra misma. Mas ella continuaba inexorablemente creciendo, creciendo hacia arriba. La tierra sentía como se movía algo a través de ella misma, algo que la empujaba, la abría. Mas no se veía quien crecía, quien se movía hacia afuera, hacia arriba.
Arriba, varios centímetros hacia la superficie, estaba un tapiz de materia con otros olores y otros colores. Este tapiz era un filtro inmenso, era una meta y uno de tantos obstáculos para ella.
Seguía avanzando. Seguía creciendo. Sacaba fuerzas de su propia existencia y tenía que lograr otra fuente de poder, otra fuente de energía si no perecería. Su especie podría terminar con el fracaso de ella misma. Enterrada y siendo solo una porción de materia orgánica mas a ser reciclada.
A veces, el agua de lluvia le ayudaba a escarbar y eso era bueno, pues ella solo podía empujar al ir haciéndose más grande, más larga. Más si el agua era demasiada también la ponía en peligro de asfixiarse. Solo podía empujar la tierra a su alrededor, con ahínco, con paciencia y con las fuerzas que tenía almacenadas, no más. Necesitaba otra fuente de energía, lo tenía que lograr.
A su alrededor todo era obscuridad, tierra y un sin número de organismos de todos tamaños y de todos los hábitos. Sabía que podría ser alimento de otro. Sentía como a veces algo o alguien como que estaba sobre de ella y a veces dentro de ella, pero que no la dañaba, como que la acompañaba y a veces, a veces, sentía que hasta la confortaba. Eran unos seres muy pequeños que le hacían cosquillas y le hacían sentir bien, acompañada y hasta como que le daban fuerzas.
En el tapiz de materia arriba de ella, ya había un poco mas de claridad, de luz. Y aunque con menos humedad y más expuesta a otros elementos, sabía que tenía que llegar ahí. Atávicamente sabía que más allá de esa capa de materia de detritus orgánico había algo que cambiaria todo en ella.
Y de pronto, un obstáculo pesado, denso, aparentemente infranqueable. Por más que empujaba, no se movía, no lo traspasaba. Pero tenía que seguir creciendo a expensas de lo que tenia de reservas de energía. Tenía que lograrlo. Quizás si crecía alrededor de él, si quizás esa era la clave. Darle la vuelta. Pero eso representaba tiempo y energía. De alguna forma sentía que tenía tiempo, pero energía ya casi no. Si crecía alrededor del obstáculo, ella sabría como volver a encontrar el arriba, no se perdería. Lo sabía, como sabia que quien era ella. Lo sabía.
Con tenacidad, lenta pero constante, ella volvía a crecer continuamente hacia arriba, ya libre del obstáculo. Estaba a punto de llegar al tapiz y recibir el primer impacto de un ambiente saturado de oxigeno y un poco más frío que en el que había pasado buena parte de su vida. Y ya ahí, todo cambiaría dramáticamente, pero ella aun no lo sabía.
“¿Qué es esto?” Ella ya no sentía la opresión de lo que la rodeaba. Estaba ya en un ambiente más suave que la tierra, con algo de claridad,  crecía y ¡avanzaba hacia arriba más rápido! “¡Excelente!”, ella grita. Los olores eran más intensos, más variados y además existía una como brisa, era el aire que corría entre el detritus. Una sensación nueva, algo se había activado dentro de ella. ¿Sería el paso de la luz, la nueva atmosfera, la temperatura o que sería? el caso es que se sentía un poco diferente. Algo dentro de ella, quizás la misma fuerza con que la hacía crecer para arriba, la hacía también ahora un poco verde y sin darse cuenta ya tenía pies.
Y de repente, de manera inesperada, de golpe, la obscuridad total de nuevo. No mas brisa y volvían los olores antiguos.  ¿Qué es esto que la  presionaba de nuevo? “Oh, nooooooo” gritaba. Algo había caído y la había aplastado contra la tierra, exactamente de donde había ya salido... Pero al menos seguía viva y con algunas fuerzas. Fuerzas para empujar y seguir creciendo. Con suerte, nuevamente creciendo podría salir de este nuevo obstáculo. Pero sentía que ya agotaba todas sus fuerzas. Si pudiera verse, se vería pálida, casi blanquecina  y un poco enjuta. Seguir o perecer ese era su dilema.
Sacando valor y energías de las últimas reservas, creció un poco más, un poco más larga, un poco más blanca y un poco más enjuta. Pero lo logro. Por fin rodeo nuevamente el obstáculo y se quedo ya afuera y sobre del obstáculo mismo, ya a algunos centímetros arriba del tapiz. Lo había logrado. Su cuerpo salía ya como una torre sobre el suelo todo. Estaba rodeada de aire y de luz. Una sensación primitiva, arcaica la embargaba y que la ligaba a sus más lejanos ancestros. Un nuevo ambiente que disparaba una serie de relojes y mecanismos internos. Una sensación que la tomaba cautiva y nada podía hacer para detenerla o para no hacerle caso. Lo único que quedaba era dejarse llevar por su naturaleza.
Paradójicamente, ahora ya en este nuevo ambiente, tenía nuevas energías, la luz. Y ahora crecía en ambos sentidos. Hacia abajo, de donde había salido y hacia arriba, como siguiendo la luz. Su cuerpo, antes poco definido, parecía ahora tener dos parte. Una que vivía y crecía hacia bajo hacia Gaea, la tierra y otra hacia arriba hacia Helios, el sol. Ambos dioses la llamaban y la jalaban en direcciones opuestas y ella, hecha para servir a ambos, se dejaba llevar, vivía.
Vestida de verde a la luz y blanca a la obscuridad, la planta había nacido. Ella, tan sencilla pero única a la vez, tenía una capacidad que muy pocos seres poseían, capaz de conectar a la tierra y conducir la sangre de la misma,  en una sinergia impresionante y única, con la fuente de energía del sol, la luz.
Como lo aprendieran sus ancestros, la planta había comenzado a generar una molécula altamente tóxica, el oxígeno y a elaborar su propio alimento.

Jorge E. Macías Sámano



miércoles, 13 de marzo de 2013


Pulque o curado, gordita o tlacoyo, atole o champurrado
– la selección natural a través de la comunicación química –




No es Karma, solo causa y efecto | Jorge Macías-Sámano

A veces las cosas parecen iguales, similares, no podemos ver las diferencias, mas si las observamos mejor o las detectamos con algún otro de nuestros sentidos como es el  gusto o el olfato, ya podemos diferenciar y luego entonces seleccionar una u otra.

Los curados son hechos a base de pulque, pero tienen diversas frutas o semillas que les dan un sabor un poco diferente, pero sigue siendo pulque. Las gorditas son masa de maíz, redondas, rellenas de chicharrón prensado o de otros contenidos, pero casi siempre fritas; en cambio los tlacoyos son de la misma masa, rellenos de haba o frijol, alargados pero generalmente solo cocidos, sin grasa. El atole es una bebida caliente hecha a base de harina de trigo, mientras que el champurrado es a base de harina de maíz, ambos pueden llevar o no distintas frutas o chocolate o vainilla. El concepto es el mismo, los ingredientes son casi idénticos, pero elementos como son los sabores, las texturas y las apariencias, los hacen diferentes. Y son los elementos que al ser confrontados con nuestros gustos (léase distintos sentidos), nos guían a seleccionar uno u otro.

Todos los seres vivos, si bien nos vemos muy diferentes, estamos hechos del mismo material genético – los mismos aminoácidos forman nuestro ADN – y los elementos inertes que los forman siguen siendo carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno--. Seguramente han leído y oído con frecuencia que en la naturaleza ocurre la selección natural y que solo los adaptados sobreviven. Estos principios son una de las bases de la evolución de los seres vivos y no es una selección o una adaptación “consiente” por parte de los organismos, si no que estos están “construidos’ o aun mejor “han evolucionado” de tal manera que su percepción y reacción a ciertos estímulos, entre otras cosas, les permiten afrontar exitosamente condiciones que se les presentan en el medio que viven.

Mi mundo de trabajo, en ciencia, es lo que se denomina ecología química. Esta área del conocimiento, estudia las interacciones entre organismos cuando ellos lo hacen mediante substancias químicas volátiles específicas, ya sea substancias que ellos producen o que son capaces de detectar. La detección y procesamiento de la información que promueven estos compuestos deriva en un comportamiento específico en los organismos, tanto en los que las emiten como en los que las perciben.

La asociación de organismos con que trabajo son los insectos y los arboles vivos. Los insectos se nutren y reproducen en el tejido leñoso de los arboles, como son la corteza y la parte central del tronco. Es una batalla muy interesante, profunda y sin cuartel y se viene dado desde hace millones de años. Ocurre entre los insectos tratando de alimentarse de los árboles y estos defendiéndose de aquellos. Porque aunque los arboles no se muevan, se defienden a tal grado que a lo largo de su historia evolutiva han generado substancias y mecanismos de defensa dinámicos y que se adaptan a las circunstancias que les imponen los insectos. Es un mundo que me sorbe el ceso, como escribía Cervantes al describir a Don Quijote cuando leía y se perdía. Además no dejo sorprenderme con ello.

 La batalla que da el árbol es tan fuerte que los insectos se han asociado a microorganismos tanto para que sean estos, los microorganismo, los que se encargan de enfrentar las defensas directas (químicas y físicas) de los arboles, como los que se encargan de digerir materiales vegetales como la madera-- que dicho sea de paso contienen la mínima cantidad de nutrientes y agua que existe en el mundo vegetal--. De tal manera que estos insectos ya no se alimentan de material vegetal, sino de los microorganismos mismos. Los insectos únicamente actúan como un vector para que los microorganismos entren a nutrirse y a reproducirse, ya que estos son incapaces de entrar por si solos. Y esto es una adaptación simbiótica, una adaptación benéfica mutua, entre dos organismos.

A pesar de ello, lo insectos antes de poder introducir estos microorganismos, deben de “seleccionar” y vencer la defensas de los arboles más adecuados para ser colonizados y explotados. Para lograr ello, inexorablemente deberán de vencer barreras físicas y químicas presentes en los arboles. La barrera más formidable es la resina, esta tiene componentes tóxicos y por sus características fisicoquímicas, puede englobar al insecto inmovilizándolo o dejándolo dentro de una cámara sin oxigeno, matándolo. Paradójicamente, como muchas cosas en la vida, los compuestos que conforman la resina son como una “espada de dos filos”, pues también son fuertes atrayentes (denominados kairomonas) para el insecto. La resina les comunica a los insectos en la vecindad, de la existencia de un hospedero que está en condiciones de ser colonizado y van a él. Salvo en casos excepcionales, los insectos al entrar al árbol siempre contactan resina, muchas veces incluso están totalmente envueltos en ella por un cierto periodo de tiempo. Esta situación los ha forzado, evolutivamente hablando, a desarrollar mecanismos enzimáticos para desintoxicarse de las mismas y así poder “conquistar” este recurso que conforman los arboles vivos. Algunos de los insectos con estos mecanismos de enzimáticos, han logrado otro aspecto sorprendente en la evolución de esta relación insecto-árbol. Como productos de la detoxificacion de los compuestos presentes en la resina, los insectos excretan juntos con sus desechos otros compuestos (denominados feromonas) que atraen congéneres de su misma especie. Estos compuestos indican a los insectos volando en la vecindad no solo que hay un hospedero adecuado, sino que además existen insectos maduros sexualmente y están esperando al sexo opuesto para reproducirse.

 La decisión entre los insectos de colonizar un árbol vivo o un muerto, es muy parecida a la de nosotros para decidir por una gordita o un tlacoyo. Bueno, esto solo desde un punto de vista de la selección y no de sus consecuencias. Para nosotros en este caso es solo el sabor y la apariencia, pues el valor nutritivo es prácticamente el mismo y las consecuencias son solo engordar, tener agruras, elevar el colesterol, etc., pero rara vez la muerte, como sería el caso de un insecto entrando a un árbol. El insecto toma una decisión con base, entre otras cosas, en un olor o bouquet especifico y que indica que el árbol esta herido o estresado o bien que ya está “ocupado” por individuos de su especie.

Imagínense que los árboles están rodeados de un aura de olores. Esto olores son generados por los arboles mismos y reflejan de alguna manera su estado de salud; o por olores que generan alguna actividad biológica dentro de ellos, como serian el daño o la degradación de algunos de sus tejidos (generalmente indicado por olores de alcoholes); o por los olores de los distintos organismos que en ellos viven, como serian las feromonas de los insectos que de ellos se alimentan. Todas estas señales olfativas comunican a todas las comunidades asociadas con el recurso árbol. En los últimos 20 años se ha visto como claramente hasta los arboles se comunican entre ellos mismos y se “dicen” que están siendo dañados por agentes, preparando a los otros árboles (los que perciben esas señales), a establecer mecanismos de defensa o a definir la necesidad de reproducirse por que “saben” que serán muertos.

El grado de especificidad de los organismos a algunos compuestos es realmente extremo, pues en muchas ocasiones es una determinada forma en especial de ese compuesto y solo esa forma es la que genera un comportamiento determinado. En la naturaleza los elementos que conforman un compuesto pueden tener varios “arreglos” espaciales. Para entender esto miremos nuestras manos. Una es la imagen de espejo de la otra, es decir, a pesar de ser iguales, tener el mismo número de dedos, ser de la misma longitud y estructura. Si tomamos como referencia a los pulgares, están dispuestos en una posición diferente, uno a la izquierda en la mano y el otro a la derecha. Si vemos una mano enfrente de un espejo, la imagen que vemos es exactamente la otra mano. De igual manera los elementos que conforman la estructura de un compuesto, pueden tener distintas posiciones. En la naturaleza un compuesto puede estar en la forma A o B, e incluso ser producido por el organismo de manera mezclada, es decir, en una combinación con distintas proporciones de ambos (por ejemplo 30 % A y 70 % B). Y es solo la presencia de uno u otro (A o B) o una proporción determinada de ambos, la que generará un comportamiento de atracción sexual o de repulsión en un determinado momento de la vida de los organismos. Este conocimiento lo usamos a diario para modificar el comportamiento de plagas, por ejemplo, para atraerlas o llevarlas a donde nosotros queramos y así eliminarlas causando un impacto mínimo al entorno.

Poniéndolo en términos de mi epicúrea aproximación al tema, en mi trabajo preparamos distintos pulques y los ponemos a prueba con distintos públicos. Tenemos un barril con aguarrás (si, el solvente que se usa en las pinturas y se extrae de la resina de pinos) y le burbujeamos oxigeno (emulando la secreción de resina en un árbol y ella siendo expuesta al aire, es decir como si el árbol estuviera emitiendo compuestos a medida que va muriendo) y tomamos muestras de los diversos compuestos en sus distintos estados de oxidación. Parte de mi trabajo, el más original científicamente hablando,  es probar en distintos bosques todos aquellos compuestos que se parezcan a los que conocemos tienen actividad biológica y ver si los insectos los detectan y si son atraídos o repelidos por los mismos. Si estos compuestos son atractivos serán colocados dentro del grupo de las kairomonas, pues son producidos por el hospedero de los insectos. El caso más sorprendente y sin lugar a duda el que me atrae más, es hacer combinaciones de feromonas y kairomonas, la atracción se vuelve sinérgica, es decir, es mayor que la suma de las atracciones de cada las feromonas o kairomonas por separado. Es como darle un sabor especial a una simple salsa que lleva ajo, cebolla, jitomate, chile y cilantro, de cómo se trate el chile antes de ser adicionado a la salsa y la cantidad de jitomate, el sabor y la textura cambiara, siendo la resultante lo que denomino 1+1 > 2, eso es sinergia!!

Con esta aproximación en la búsqueda de compuestos atrayentes, hemos ido construyendo una hipótesis que pareciera totalmente lógica, mas no probada todavía. Un árbol vivo tiene un perfil de volátiles que va cambiando a medida que va muriendo. De igual manera existen diferentes tipos de insectos a medida que el árbol va feneciendo. Los volátiles que generan los arboles vivos solo atraen un determinado grupo de insectos. Al llegar estos y sus microorganismos asociados, se genera un nuevo perfil de olores en el árbol que está siendo colonizado y en proceso de muerte.  Este nuevo perfil evita la llegada de los insectos que comenzaron su muerte y promueve la llegada de otros grupos y así sucesivamente, hasta que llega al árbol a un total proceso de degradación, y se completa lo que conocemos como reciclado de nutrientes.

Esta “degradación-oxidación” del recurso árbol es muy parecida a lo que ocurre en la producción del pulque. Comienza con el raspado del “corazón”, la parte interna del “macollo” del maguey, que al ser herido genera resina que cae en “la ollita”, la concavidad hecha por el “tlachicontonero” (el que hace pulque). Esta resina y sabia tiene un alto contenido de azucares y es lo que conocemos como aguamiel. Recuerdan al “jicote aguamielero con bigotes de aguacero” que cantaba CríCrí? Este insecto es una abejita sin aguijón que es atraída por la resina o miel que produce el maguey y con ella se alimenta y construye su panal. Pero volviendo a lo nuestro, el aguamiel, se saca del maguey con un “acocote” y es pasado a un barril en donde se fermenta, convirtiéndose los azucares en alcoholes y transformando el líquido claro en uno blanco, viscoso y con fuerte olor a fermento que es el pulque. Si el aguamiel se deja en la planta, la fermentación es mucho más rápida y si bien se genera pulque, la fermentación es más completa y se transforma en una solución acuosa y en donde los alcoholes se pierden, existiendo una gran proliferación de insectos y microorganismos asociados. En resumen, la planta herida produce resina que atrae a distintos grupos de insectos; con el tiempo se trasforma la resina se transforma en una solución con alto contenido en alcoholes, indicación de que la planta está en proceso degradación y esto atrae nuevos grupos de insectos y microorganismos asociados, lo que eventualmente terminaran por degradar a la planta del maguey.

La próxima vez que vean un árbol, traten de imaginárselo rodeado de una nube de olores con varios colores y que si ustedes fueran insectos, podrían definir por esos olores que árbol es, que tan maduro y vigoroso esta y si está ocupado por insectos de su especie. Al mismo tiempo recuerden que los árboles, aunque no se muevan, tiene varios mecanismos para defenderse y evitar ser dañados.  Y cuando vean ambos interactuando, el insecto comiendo alguna parte del árbol, sepan que esa interacción se viene dando desde hace millones de años y que esta “guerra” entre ellos mantiene estables a ambas poblaciones.

La comida y el apetito no tiene límites, siiiiiiiiiiiiiiiii!!!

jueves, 28 de febrero de 2013


La Coexistencia
No es karma, solo causa y efecto | Juan Carlos Navarro






<<La evidencia del Cielo>>

-          <<Fred>> – Todo listo control en tierra; estamos posicionados y en trayectoria directa contra el objetivo.

-          <<Control en Tierra>> - Comandante Heissman (Fred) asegúrese estar en rango y seguro antes de realizar el ataque, solo tenemos una oportunidad para salvar la tierra.

-          <<Fred>> - Cambio y fuera.

Eso fue lo penúltimo que se escuchó por el intercomunicador en tierra; en ese dialogo escueto que tuvo el condecorado comandante Fred Heissman con el control a tierra antes de enfrentarse a la amenaza que venia del espacio exterior.

Heissman era un tipo totalmente metódico; cuidadoso, de esos que se cercioran más de un par de veces antes de dar un paso; era un científico en su naturaleza; y como buen científico, todo lo dejaba del lado de la ciencia, siempre calculando trayectorias, midiendo riesgos, ultimando detalles con cálculos extremadamente complejos.

Según decía el: “No me gusta dejar nada en las manos de Dios, porque en cualquier momento todo puede cambiar, Dios suele ser muy voluble, si es que existe”.

En esta ocasión no había excepción, Fred ordeno a la tripulación; que hicieran los cálculos pertinentes para detener esa amenaza que venia del cielo, un asteroide de nombre Kapersky que amenazaba con impactar sobre la superficie terráquea; todo estaba calculado con precisión quirúrgica; Heissman reviso tres veces los cálculos de trayectoria del proyectil nuclear de 2 megatones que tenía como propósito fragmentar el cuerpo estelar, lo estimado era que este se partiera por mitad y con eso crearían dos trayectorias bifurcadas que librarían la tierra.

-          <<Fred>> - ¡Perfecto! Cálculos revisados,  carga puesta y checada, todos en posiciones (les gritaba con euforia a los demás navegantes del Travelingstar, la ciencia esta de nuestro lado ¡tendremos éxito camaradas!

-          <<Scott>> - En rango y a tiro franco contra el objetivo, iniciando conteo regresivo según lo estimado para disparo… a 20 y en regresión el disparo.

-          <<Fred>> Enterando Oficial, prepárense para impacto en 13 y en retroceso.
-          10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1

El impacto había sido positivo; una gran explosión atómica precedió el suceso, una luz en extremo blanquecina encegueció a la tripulación; mientras el Travelingstar se sacudía violentamente, mientras toda la tripulación blandía el antebrazo izquierdo frente a sus ojos, como intentando desesperadamente que la luz cegadora se esparciera y pudieran ver el resultado del impacto que tan escrupulosamente se había calculado y disfrutar de manera ególatra que sus conocimientos científicos habrían salvado a la Tierra.

Dicho calculo, había fallado por algún motivo; nunca se supo cual fue; quizá alguna imperfección en el asteroide habría hecho que ese cuerpo amenazante; en lugar de convertirse en dos fragmentos ahora se había convertido en 23 proyectiles que se dirigían amenazantes a la tierra. Nada es casual, y alguna razón debió alterar el resultado esperado y que tanto quebradero de cabezas les dio a los más aventajados matemáticos del Travelingstar.

Se reinicia la comunicación entre el Travelingstar y el Control a Tierra y lo primero que se escucha por el intercomunicador es la voz aterrada con la garganta a todo lo que da de un tipo en plena desesperación y por demás sobrecogido por el acontecimiento.

-          <<Fred>> - ¡¡¡¡DIOS MIO!!!! … ¡¡¡¡QUE DIOS NOS AYUDE!!!!

En control a tierra reinaba un silencio que no se sabía si era por el inminente choque  de los 23 objetos que se acercaban a tierra o si era por el grito que había salido espontáneamente de la garganta de Heissman.

En el travelingstar sucedía exactamente lo mismo; silencio de incomodidad abrumadora; que fue interrumpido; súbitamente por la algarabía exorbitante de una muchedumbre que gritaba vítores y palabras altisonantes y que todos escuchaban atentamente, pero aún en silencio y que salían del intercomunicador del Travelingstar y que; lógicamente provenían desde El Control a Tierra…

-          <<Control a Tierra>> - ¡Hurray! … ¡¡¡Camaradas estamos salvados!!! A consecuencia de su tamaño y al ingreso en la atmosfera, los 23 fragmentos del Kapersky se han desintegrado… ¡¡NOS HEMOS SALVADO!! ¡¡ SON HEROES!!...

Toda esa algarabía sucedía mientras en el Travelingstar reinaba una situación de silencio abochornado, que hacía que el gran comandante Fred Heissman, taciturno, con la cabeza inclinada y clavando férreamente la vista al piso de la nave, se apenara por haber mencionado el nombre de Dios; siendo él, el más ateo de ese planeta tierra que ahora había sido salvado, quizá por la intervención divina de ese Dios que para él no existe.

<<El método científico del Milagro>>

Armando Cobos era un matemático reconocido, especializado en los cálculos de Mandelbrot y sus fractales, era un estudioso de la estadística, del cálculo vectorial y un tremendo conocedor sobre topología algebraica, conocía muy bien los objetos homeomorfícos, las cintas de  Möebius, era un catedrático sumamente reconocido de la universidad comunitaria de Cienfuegos en Cuba.

Estaba casado con Carelia Albuerme y desde hace dos años venían criando a una niña sumamente sana y de mentalidad abierta a la que llamarón Aurora, ya que nació una madrugada de Domingo en donde el pasto de los campos cubanos brillaban con todos platinados y que como dicta la tradición mitológica habían sido regados por las lágrimas de Aurora en eso a lo que nosotros llamamos; el roció de la mañana…

Carelia a pesar de ser investigadora y bióloga creía fervientemente en la virgen de la caridad del cobre; Armando, un matemático de cepa; un hombre de hechos tangibles, comprobables; carente de fe, de esa fe eclesiástica y beata. Un hombre de ciencia.

Un buen día, Carelia le llama desesperada a Armando y le dice que Aurora está sumamente enferma a lo cual él le dice en tono apacible, que guarde calma y que la lleve al médico de la familia el Dr. Sambueza… (Otro hombre conflictuado entre la fe y la ciencia).

Llegan al médico solas <<Carelia y Aurora>> y salen de igual manera; pero con una bolsa llena de medicamentos, recetas médicas y órdenes de estudios, exámenes médicos y análisis clínicos…

Han pasado ya 12 días y Aurora después de haber visitado 4 veces al médico aún sigue en estado de grave convalecencia, con fiebre, diarreas, vómitos y un sin número de síntomas que al Dr. Sambueza sacaban de sus cabales y que lo dejaban con un sabor de impotencia profesional ante ese caso complejo; aún no daba dictamen sobre la enfermedad que aquejaba a Aurora; inclusive; ni los medicamentos que le recetaba parecían brindarle alivio a la pequeña niña; que cada vez más parecía estar siendo vencida por la irreconocible enfermedad.

Tal era la desesperación del Dr. Sambueza  ante los reclamos de Armando, que Sambueza saca a relucir ese conflictuado espíritu y le dice lo siguiente:

-          <<Dr. Sambueza>> - Sr. Cobos, espero no tome a burla lo que a continuación le diré, pero dado a que; ni los estudios, ni los análisis clínicos, ni los medicamentos le han dado resultados a su hija; le quiero proponer que probemos con una solución un tanto ortodoxa y ridícula, pero; le propongo que lleve a su hija con “Cachaito” el santero local; el curó la vez pasada a una paciente mía que aparentemente no tenía cura, le hizo una limpia y ahí anda; “Vivita y Coleando”; espero no lo tome como una Broma…

-          <<Armando Cobos>> - ¿Qué no lo tomé a broma?; esto más bien parece a burla, no pretendo dudar de usted; pero entonces para qué están personas como usted docto, si terminaré yendo con el santero… discúlpeme pero me siento ofendido…

Armado sale del consultorio; azotando con violencia la puerta…  

Llega a casa y mira a Carelia con la cara consternada y los ojos llenos de lágrimas; mientras la pequeña Aurora yacía en los brazos de Carelia; presentando dificultades para respirar. Asustado, Armando le pregunta a Carelia - ¿Qué haces?; Carelia responde - Llevo a la niña con el babalao porque se nos muere; Armando en suma desesperación accede a regañadientes y lo único que le quedo por hacer fue ir tras Carelia para acompañarla con el santero.

La llegada con el Santero fue intempestiva; había una pequeña fila de hombres y mujeres con cara de desesperación esperando pasar a consulta con El Babalao “Cachaito”; de repente… de un portal oscuro que era escuetamente tapado con una cortina de caracolas, sale detrás de una bruma de hiervas de olores extraños; “cachaito”, gritando - ¡La ciencia y la medicina no son la vía; los resultados los dan la santería”. - ¡Que pase la niña en brazos!

Entran a la habitación llena de velas, Armando, Carelia y en brazos y casi inconsciente Aurora; pasan con el babalao, hace unas oraciones, le unta unos líquidos que el santero y ramea a Aurora con algunas hiervas, mientras explicaba con voz aguardentosa: Esto viene de mis ancestros, hiervas molidas, pimientas, unas pizcas sales y óxidos, extractos de raíces y oraciones; le repito; debieron venir conmigo desde un inicio…

La niña, casi milagrosamente, sudaba y se movía, tosiendo copiosamente, mientras tomaba fuertemente la mano del incrédulo matemático Armando Cobos… salen del cuarto, pagan por los servicios del santero y se marchan…

Por la tarde, Aurora, ya estaba sentada en su pequeña cama pidiendo ávidamente algo para comer…

Incluso en el esotérico contexto de la santería que practicaba “cachaito” había un método científico; un conocimiento que tenía un fundamento en la herbolaria y la experimentación, un proceso científico, paso por paso; prueba y error,  que quizá nunca fue escrito en las páginas de un libro, pero que si fue transmitido de generación tras generación, combinaciones de hiervas, aceites naturales y cosas que más allá de lo sobre natural tienen un argumento científico que quizá no es estudiado a fondo por los conocedores por ser de naturaleza sobrenatural, pero que en el fondo y desde sus inicios tienen una raíz muy arraigada a la experimentación científica.

<<El efecto>>

Somos complementarios, el cielo necesita de su infierno; el mal del bien; solo tenemos que elegir y actuar en la línea de la convicción, evitando el atropello, el camino creo es la tolerancia y el objetivismo, predicar con los ejemplos, y; ya sea que estés de un lado o de otro respetar y tener siempre presente que necesitamos del implícitamente del bien para que el mal tenga un argumento fehaciente para validar su existencia…

Decía George Orwell: “Si la libertad significa algo; es el derecho de decirle a los demás lo que no quieren oír”… Si la fe y Dios son mejores que la Ciencia o viceversa, cada uno tendrá la mejor opinión; todo es subjetivo… lo cierto es que una no puede vivir sin la otra; por mi parte … Tengo una intrincada fe por la Ciencia…

@giancarlonavesc

martes, 19 de febrero de 2013


La Peor Decisión es la Indecisión (ya lo dijo Benjamin Franklin)
No es Karma; solo causa y efecto | Jorge Macías-Sámano



Es difícil tomar decisiones, casi siempre. Nos aterra cometer errores. Siendo quizás este aspecto el que hace más difícil tomarlas. A la vez, los errores son los que nos permiten aprender y avanzar.

La razón teme la derrota, pero la intuición disfruta la vida y sus desafíos. Paulo Cohelo

Muchas veces tomamos decisiones bajo premisas sentimentales, incluido el enojo, la frustración o incluso la euforia. Otras son más razonadas y apoyadas en un análisis de hechos y posibilidades. Incluso el no tomarlas también tiene sus consecuencias. Como sea que fuere, todas ellas tienen consecuencias y tarde o temprano las habremos de confrontar.

Los sentimientos son totalmente personales. Cambian con base en muchas cosas, incluidos otros sentimientos, nuestra propia fisiología o nuestro carácter inherente. Las razones pueden ser personales también, pero puesto que son razonadas pueden ser más claras y con una explicación, digamos, universal para quienes nos rodean.

Podemos tomar a la fantasía como compañera, pero debemos seguir como guía a la razón. Ben Johnson

Por duro o difícil que sea tomar una decisión, si la basamos en la razón es más fácil seguirla y que los demás las entiendan. Además, si esas razones son reales y las tenemos presentes, nos confieren tolerancia ante otras situaciones (pues tenemos una óptica de progresión) y consistencia para seguir con esa decisión. Paralelamente, ellas nos guían y nos permite afrontar las consecuencias. Estas, las consecuencias, seguramente serán las esperadas o muy cercanas a ello, y difícilmente nos sorprenderán. Mas no caigamos en demasiados razonamientos pues muchas veces no tomaremos decisión alguna.

La meditación persistente sugiere siempre argumentos contra las decisiones; la profunda reflexión acaba a menudo en inercia. Auguste Rodin

A pesar de que este razonamiento de la toma de decisiones es lógico, la realidad es que existen personas pasionales o sentimentales, y otras frías o prácticas donde predomina el raciocinio.  Más la mayoría tomamos decisiones basados en ambas.

Las grandes decisiones de la vida humana tienen como regla general mucho más que ver con los instintos y otros misteriosos factores inconscientes que con la voluntad consciente y el sentido de razonabilidad. Karl Jung
No hay fórmula para tomar decisiones y existen muchas consejas, pero quizás las siguientes frases, una de Paulo Cohelo y otra de Alessandro Mazariegos, engloban muy bien algo más balanceado a realizar y no tan irreal para la mayoría de nosotros.

Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones. Toma siempre todas las decisiones que necesites tomar, incluso sin tener la seguridad o certeza de que estás decidiendo correctamente. Paulo Cohelo
Cada decisión primero hay que pensarla con inteligencia, sentirla con el corazón y mantenerla con voluntad hasta el final. Alessandro Mazariegos

Jorge Macías-Sámano